11/5/09
A orillas de la madrugada dos cuerpos en una ciudad buscaban pasar el tiempo: su tiempo no se hizo esperar... No estaba ninguno en su día, sus copas ya estaban vacías. Él estacionó su mirada cuando al fin la vio sentada, él tenía cigarrillos y ella ganas de fumar. El rato de a ratos moría, no había palabras de más, cautivos en la noche infinita, se rindieron a su voluntad.
En su presente no había pasados, en la mesa desfilaban los tragos. Andaban ahí perdidos escuchando Divididos,
a él le gusta la banda y a ella le gusta bailar.
Él quiso volver a soñarla, ella le dijo que no. En silencio se soltaron las manos,
enseguida ella se arrepintió:
salió corriendo hacia la avenida
pero él había doblado en la esquina.
Ahora ya vencidos cuando escuchan divididos él recuerda la noche que ella no puede olvidar.