El resplandor es una diosa de carne y hueso.
8/3/08
ILUSIONES DE UN PLACER OCULTO*.
De un verso de Kavafis.
Al principio, el mundo de las supersticiones. Después, con los clásicos, el de los sueños. Y los mitos. En tiempos cruzados, el del oscuro fanatismo. Y la sangre. Con Dante surgió el infierno. En el renacimiento, se pintó a la belleza. Tras todo, surgieron las máquinas. Y más allá de todas esas eras, aun cuando el animal seguía siendo supersticioso, soñador, religioso, infernal, bello y lleno de intelecto, apareció la voz electrónica, el lenguaje virtual, con sus gestos invisibles y su sonido lejano y fugaz. Y así, apareció Internet. Y así, surgió ella. Floreció Rosa…
Rosa nunca fue una mujer corriente. Rosa era actriz y no una actriz con imágenes visuales o estrenos. Su papel era innato y quizá su sitio en el mundo era el equivocado. Rosa era la mujer más hermosa del orbe, y la más distinta. Los que la conocieron, los que tuvieron ese honor, aseguraron haberse encontrado en otra dimensión junto a ella, aunque también estaban los que, por su mansedumbre intelectual, no decían nada sobre su experiencia con ella y se limitaban a recordarla como una mujer de inolvidables sensaciones, de imborrables recuerdos, de uso, no reconocido, para aliviar y embellecer la insignificancia de sus vidas, como una anécdota para sentirse vivos, acordes con su lugar en el mundo. Como el viento que erosiona a las rocas…
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Y ahora yo, siendo justo con quien lo fue conmigo y con quien no, me pregunto: ¿Qué le queda a un ser como yo, que ha tenido un pedazo de galaxia a su derecha, por vivir en esta ‘’canica azul*’’ a la que llaman Tierra? Pues eso, un recuerdo, una imagen que rebobinaré una y un millón de veces, para así, tratar de encontrar el sentido a mi vida, el lugar frío, el sitio solitario que me corresponde.
Ya ves, poeta, que las cosas jamás suceden como uno quisiera, que la vida es un tren que no se para cuándo y donde quieres, pero que, a veces, sí lo hace, concediéndote el recuerdo que esperas hallar en la siguiente estación. Y mientras tanto, en el incierto trayecto, sueñas…
Como en el primer homenaje y como dirías tú en tan magna ocasión, se escucha:
Finlandia, de J. Sibelius.
Eternamente agradecido, mi hermosa Venus Rubia…
FIN
ola :-)