En el verano del 69 Georges Pompidou fue elegido presidente de la Republica francesa, la familia Manson asesinó a Sharon Tate, el hombre dio sus primeros pasos sobre la superficie lunar y mi gata Mantequilla dio a luz una preciosa camada de gatitos, pero ocurrió algo más, algo mucho más importante para mi, Paquito, mi hermano mayor me regalo una gafas de sol, tenían la montura de plástico azul y en vez de cristales láminas transparentes de plástico amarillo, cuando me las dio me dijo que con ellas podía ver a las personas malas ¿Como? Les saldrían una especie de rayos por los ojos.
Comprenderéis que ante los poderes de las gafas quedase fascinada y aunque al principio me dio miedo ponérmelas finalmente lo hice estando en casa. Tranquilidad… mis padres y mis hermanos eran buena gente, no les salían rayos por los ojos, ese me tranquilizó mucho aunque ya sospechaba yo que la maldad tenía que estar fuera de mi hogar.
Poco a poco fui ampliando mis investigaciones y cada vez estaba más contenta porque la bondad me rodeaba, vecinos, familiares y viandantes anónimos eran buena gente, el mundo parecía estar lleno de bondad, ¡que alegría y satisfacción!
El verano estaba llegando a su fin cuando me enfrenté a la prueba definitiva, si a alguien le podían salir rayos por los ojos era a Carmencita, mi compañera de curso la que me tenía las piernas moradas a base de patadas. Sentía mucha curiosidad por ver esos rayos, estaba segura de que sería una experiencia apasionante.
El primer día de clase las gafas entraron en el colegio guardadas en uno de los bolsillos de mi bata blanca y allí permanecieron hasta la hora del recreo en que decidí hacer una primera toma de contacto, me puse las gafas y miré a mí alrededor... nada, un patio de angelitos. Flotando en el cielo estaba cuando de repente Carmencita que se encontraba a mi espalda me arrebató el mágico instrumento de un manotazo, las gafas cayeron al suelo, quise recogerlas, pero ella se adelantó, se las puso y dijo:
-Son unas gafas de payaso.
Entonces me cogió del cuello y a la fuerza me las empotró en la cara, una de las varillas me hizo una brecha junto al ojo derecho que empezó a sangrar profusamente, pero lo peor no fue eso, sino que en medio de todo aquel altercado, miré a Carmencita y no le salían rayos por los ojos, entonces se me rompieron los esquemas ¿Se podía ser buena persona y portarse tan mal?
Quien me iba a decir a mí que con el paso de los años Carmencita cumpliría condena por atraco a mano armada y que finalmente acabaría siendo una vecina formal y atenta, ejemplo, dicen, de reinserción social.
Lo que son las cosas, cuando me cruzo con ella todavía se resiente la cicatriz que me quedó.
La maldad tiene las raíces muy profundas.
Barcelona, Agosto 2009
Imagen: Cuando el tiempo corre muy deprisa se nos escapan los pequeños detalles.
Si deseas dejar un comentario, puedes hacerlo aquí:
http://notasvisuales.aminus3.com