Eran pasadas las 3 de la tarde y el bus que había cogido in extremis con dirección Gijón (previo arrollamiento de una señora que me miró con cara de pocos amigos rulos) había cambiado su ruta debido a las obras famosas del Plan E. Paramos en un semáforo frente a la Escuela de Minas. Tráfico denso y eterna luz roja detenida. Miré a través del sucio cristal del amarillo auto 'Sama S.A.' y pensé en lo bonito que era aquel kiosko que casi hacía esquina. Las contraventanas abiertas de par en par con un asombroso despliegue de revistas, periódicos y coleccionables (DVD's de Hello Kitty inclusive). Parecían abrirse al sol de justicia que hacía a esas horas, como se abre una txiribita al cielo esperando que alguien o algo pase delante de ella. Sombra en el interior y el semáforo seguía sin cambiar, o quizás lo había hecho pero no habíamos avanzado apenas nada. Tráfico denso, ya sabes. No me pareció ver a nadie en aquella calle. Parpadeé un par de veces y miré hacia el polvo que se derramaba sobre el televisor del bus (que seguramente sólo tendría el canal 'interferencias' de haber estado encendido. Viejo no... viejísimo.) Volví a mirar al kiosko con tejado de orfebrería y color oscuro. Pensé 'tiene que ser agotador recoger todas esas revistas, papeles y cachivaches al cerrar el negocio'. Parpadeé de nuevo y como salido de la nada apareció un chico de estatura media, vestido con americana oscura y vaquero oscuro. Sostenía un cigarrillo más que medio consumido en la mano izquierda, junto a lo que podía ser una agenda o un cuaderno de notas con tapas de cuero marrón claro. Pensé una vez más en fotogramas. Aquel chico de pelo oscuro y patillas junto al mare magnum de revistas podía haber sido la escena inicial de una de esas películas que siempre apetece ir a ver al cine, pero que no sabes por qué... nunca encuentras con quién. Cine poco comercial, aún interesante. De fondo sonaban,a modo de gastada banda sonora, los Doors. People Are Strange. Sin duda la película que me imaginé tenía un genial argumento. Esa forma de sostener el tabaco consumido y el ademán al inclinarse para hablar con el (o la) dependienta del kiosko me resultaban ciertamente familiares. Muy familiares. Un ligero giro de cabeza e intuí el perfil. Eras tú. Pronuncié tu nombre pero aquel cristal retenía algo más que la suciedad de carretera. Contenía voces también. Supuse que volvías de una entrevista de trabajo o algo así, a juzgar por lo guapo que te habías puesto. En segundos el autobús arrancó de nuevo y atravesó el semáforo en verde. Puede que todo esto carezca de sentido, pero pensé que debía escribírtelo.
:)
¿Que quisco es?