Mi abuela Carolina siempre me pedía que la acompañe a hacer las compras. Vivíamos en una ciudad de provincias y era otra época, así que “hacer las compras” significaba ir a la verdulería, a la carnicería, al almacén y a la panadería, de a uno por vez. Y en cada lugar nos deteníamos un rato: mi abuela elegía las manzanas, las olía, charlaba con el verdulero (que siempre le decía un piropo distinto) y recién ahí pagaba y seguíamos camino.
Lo mismo pasaba en la panadería, en la carnicería, y así.
Nunca, en ningún negocio, nos daban bolsas de plástico. No se usaba, así de simple. No se estilaba.
Yo le cargaba la bolsa de tela, de colores, a mi abuela. Para mí era una demostración de fuerza y de vigor femenino, aunque pesara 35 kilos y fuera puro hueso y flequillo.
Las cosas cambiaron.
Ahora hago las compras para mi casa y en todos lados, lleve lo que lleve (aspirinas, caramelos o medio kilo de limones), me dan bolsas.
Y en la calle, todo el mundo lleva su bolsita de plástico, que después va a la basura, o sale de paseo con el perro.
Cada una de esas bolsitas plásticas tarda 100 años en descomponerse en pequeños fragmentos tóxicos. Muchas se quedan enganchadas en las ramas de los árboles. Otras se caen en ríos, lagos y mares y se quedan flotando como barcos fantasmas.
Leé más acá!
http://www.elviajedeodiseo.com/blog/2008/05/18/no-uso-bolsas-plasticas/VISITANOS!
http://www.nousobolsasplasticas.com
uuu quiero la miaaa!
:)