Un sólo párrafo
11/18/09
Hace muchos días ando con ganas de escribir, así sin parar, como antes, cuando escribir no era un deber, era un hobby, un desahogo, un letargo. Ahora siento que tengo bloqueada mi parte emocional a la hora de redactar, estoy mecánica, me fijo en no repetir palabras, en las cacofonías, en si los párrafos son muy largos. Tengo ganas de escribir desde el corazón y sin ningún puto punto aparte. ¿Alguien lee fotolog? Nadie lo hace y por eso me gusta. Me siento súper extraña, en todos los sentidos. ¿Será por la fecha del año? El inevitable balance comienza a rondar mi cabeza. Y ahí suena otra vez, la canción del momento. Esa que un día escuchaste en el viaje de la micro, pusiste atención a la letra y tuviste que escuchar dos veces seguidas para reafirmar que tu rollo de la vida está siendo cantado por Arjona. Y qué si te corren un par de lágrimas, y qué si tus ojos se ponen rojos en extremo. Nadie anda con ganas de mirar otro rostro, más que el de ellos mismos a través del vidrio. Y qué si con esa maldita canción te das cuenta que realmente estás sufriendo, aunque te resistas y te resistas, la situación te volvió a tocar el corazón. Como cuando pensaste (y te prometiste) que nunca más volverías a sentir lo que ahora sientes. Es como avanzar dos pasos y retroceder cuatro. Y qué si sigues intentando esconder lo que te pasa, cambias la canción y pones un regueatón, como queriendo olvidar el motivo de las lágrimas. Olvida, olvida, olvida. Esa es la palabra que más odio en la vida. Se dice tan fácil, “oye, pero olvídalo”. Claro, olvidar es imposible en los minutos antes de quedarse dormido, cuando imploras que al despertar del otro día aquello se haya acabado. ¿Alguien entiende de lo que estoy hablando? Nadie entiende nunca nada. ¿Qué se hace cuando te das cuenta que nada de lo que hagas podrá arrancarte ese nombre del pensamiento? Una y otra vez. Todo el día ahí, no se borra. Quiero que se acabe la U, quiero tener dinero, quiero irme a Egipto, quiero abrazarte, quiero tomar litros y litros de jugo de naranja plátano, quiero sacar las 120 estrellas de Mario 64 sin la ayuda de mi hermano, quiero que me tomes la mano cuando caminamos juntos, quiero que no haya despedidas, quiero que me dediques una canción, quiero correr hasta no poder respirar más, quiero bailar noches enteras y olvidar lo que estoy sintiendo. Quiero no sufrir. Quiero perdonarte. Quiero parar de escribir e irme a dormir. Y eso haré.
puchacai!