7/9/09
No hay fórmulas mágicas para resolver los problemas sentimentales a corto plazo. Por lo tanto la mujer tiene que recurrir (en última instancia), a las lágrimas que llueven desde su alma, para lavar tantos pesares y tomar nuevas fuerzas para seguir adelante. El hombre se va muy saleroso, huye del campo de batalla, y huye como lo hacen los cobardes, tirando la toalla, aventando la pedrada y escondiendo la mano en los bolsillos rotos de su pobre corazón de piedra.
Siento que son precisamente las lágrimas del alma, los caudales de lluvias divinas quienes bañan en su río de espíritu, a la gran fuerza que posee la mujer para sobresalir ante tantos tormentos y carencias de la vida. Es una especie de manantial de donde fluye o emana agua nueva, agua de vida, agua que quita la sed, alivia como bálsamo al corazón y descansa el alma de tantos sufrimientos.
¿Saben ustedes amigas por qué después de mucho llorar termina la mujer abrazada a los suspiros? Alguien dijo que era porque los suspiros son aire que nos sobra, por algo que nos falta, y yo me pregunto: ¿Entonces las lágrimas del alma, tendrán algo que ver con la respiración? O simplemente son exhalaciones a manera de escape de los sentimientos impotentes o reprimidos? Sea lo que fuere, lo único cierto es que un suspiro nos lleva al relax más profundo.
Entonces es verdad que las lágrimas lavan el alma, fortalecen el temple de la mujer y nos ayudan a tomar grandes decisiones, pero la mujer no puede darse el lujo de pasarse toda la vida llorando por cualquier cosa.
Pero si hay que llorar, que al menos sea por algo o por alguien que realmente valga la pena y no por nimiedades o caprichos enfermizos que a la larga serán más dolorosos. ¿Te dejó tu amor? ¡Déjalo ir! Quítale su altar en el que lo tenías, ya te demostró que no lo vale. ¿Te mintieron, te engañaron y te traicionaron mujer? ¡Excelente, mucho mejor para ti! ¿O vas a regalarle tus lágrimas a un ladrón que encima de traidor resultó ser un hombre cobarde, cínico, ruin y mentiroso? ¿A esa “cosa con patas” le lloras tanto mujer?, puf… ¡ni que valiera tanto la pena!
Aprende a dominar tus emociones, suelta esos sentimentalismos pasajeros, levanta la cara, sé digna y aprende a ver las cosas tal cual son, sin mirar hacia atrás y sin mezclar sentimientos ¡Date a valer!, ¡Hazte oír, hazte respetar! Pero sobre todo… otorga gratis la concesión de que aprendan a amarte como tú lo mereces y llora si; pero solamente cuando tengas que llorar, porque recuerda que los logros, siempre llegan después de las lágrimas.
(Lo que debería dolernos de verdad es el extrañar a alguien que nunca nos amó, o a alguien que sólo causó dolor en nuestra vida. Extrañar a alguien que prefiere estar en otros brazos y no los tuyos… eso sí que duele.)