Los Amo
12/21/09
Alguna vez alguien te dijo que mirar no es observar. Que tener una idea de algo no es conocer. Y es verdad, sabías que era verdad. Porque durante mucho tiempo la miraste con los ojos externos, aquellos que no veían más que su belleza absoluta y su ojos brillantes. Creías conocerla, pero realmente nisiquiera eras capáz de saber que te decían sus ojos. Y pasó el tiempo y aquel sentimiento que comenzó siendo minúsculo creció, hasta que tomó forma y supiste llamarlo amor(y algo más grande que hoy, no tiene nombre). Y pudiste por fin darte cuenta a que se referían con aquel dicho. La miraste con los ojos del corazón, de alma... Y viste un alma pura, un corazón dulce latiendo al compáz de la música de los ángeles. Viste la sonrisa de sus ojos, y viste esa sonrisa que hoy, era nada más y nada menos la que te impulsa a seguir. Leíste las palabras de sus ojos, descubriste las historias detrás de su risa. Decodificaste sus lágrimas. Aprendiste a conocerla, a quererla. Y te diste cuenta lo ciega que habías estado durante tanto tiempo. Te sentiste idiota, imbecil. Porque decime... ¿Cómo tener un ángel enfrente y no reconocer sus alas pintadas de un blanco impoluto? Tenías ciego el corazón, vendada el alma. Pero ella llegó y rompió esa venda y le devolvió la vista a tu ser, y te cegó con su luz tan dulce y brillante a los ojos... Tan celestial. Y ya no existió luz más preciosa que aquella. Y no viste ninguna más, sólo querías a aquella luz. No sólo la miraste... La apreciaste, la observaste. Y desde ese día, no hubo luz capáz de iluminar tu camino cómo aquella. No hubo ángel capáz de hacerte volar más que ella.