2/24/09
La sonrisa desafiante fue el punto de partida de toda esta hecatombe y tú, cual Pandora, desataste todos los males que podías en el cuerpo de la chica invisible que algunos días te encontrabas entre copa y copa.
Venías con tu vestido de Blancanieves versión porno y me mirabas a los ojos.
Y los demás no entendían los dos besos más largos de lo normal, la provocación para que saltara hacia tu acera prohibida, las historias promiscuas contadas al oído de esta desconocida.
Y las veces que hicimos el amor entre el bullicio de los chin chin y las miradas atentas de nuestras respectivos nadie las contó, porque no tendrían suficientes dedos en las manos ni tinta suficiente en los bolígrafos para hacer el recuento.
Después de eso, instigación de tus amigas, a irse, a correr lejos pero sin miedo, a esconderte en alguna de sus casas y lamerlas hasta que comenzara la sed.
Y sus padres te verían coger el vaso de agua y te preguntarían qué tal estaban tus padres, sin darse cuenta de que las amigas de la infancia...
No las tocabas pensando en mí y sin embargo
Pasaba el fin de semana y volvías a escribir versos anhelantes de salivas sin nombre
porque sabías que pasaba, día tras día, por tu rincón
y te leía.
Y yo pensaba en el próximo orgasmo visual al verte llegar corriendo con tu vestido rojo y tu sonrisa perfecta. A saludar a mis/tus amigos. El único nexo de unión para nuestra eterna relación semanal heterolésbica.
oye me gusta mucho la historia heterol'esbica 'esta