Al mínimo
10/19/09
No estaba yo demasiado inspirado ayer en cuanto a las fotos, y las que tomé en mi visita a Lucerna desde luego no reflejan el encanto que tiene esta pequeña ciudad del centro de Suiza.
Muy en mi línea, la visita que hice no podría haber sido más barata. En el día y medio que estuve, me gasté 7 francos entre dos partidas de futbolín y una botella de vino para el viaje de vuelta. Tuve dos grandes patrocinadores para este precio tan económico.
El primero, la Voie7, que es un abono general para trenes en Suiza, con el que uno paga 99 francos (66€) y puede coger durante un año todos los trenes que quiera a partir de las 7 de la tarde y hasta las 5 de la mañana del día siguiente. La horma de mi zapato, pienso reventar Suiza a partir de las 7, jajaja.
Claro, lo malo que tiene salir a las 7 de la tarde es que a esa hora es de noche y en Centroeuropa el día está terminado. Bueno, malo para quien no sea tan ruinoso como yo y no esté dispuesto a llevarse el saco y dormir en la calle.
Ese era el plan inicial, pero no hizo falta gracias a la inestimable colaboración de mis amigos Mai, Arancha, Iouan, Bert, Nöel y Dani, que se habían pillado una habitación en un hostal y muy gentilmente me dejaron una esquina para que tirase mi saco y durmiese. Muchísimas gracias a ellos.
Eso fue el sábado por la noche, así que el domingo me pateé la ciudad. Es pequeña y la parte urbana se explora en un día. Eso sí, hace un frío malsano. Más que resaltar algo en particular, me quedaría con la cantidad de rincones escondidos, las calles íntimas y las increíbles vistas que tiene Lucerna de las montañas (ya completamente nevadas) que la circundan. Que por supuesto, serán destino de alguna otra de mis excursiones de saco y fiambrera.
Lucerna está en la Suiza germana y todo el mundo habla alemán. Escuchando de nuevo un idioma extraño, el contraste me hacía identificar el francés como mi idioma propio. Para dirigirme a la gente, tendía a pensar las cosas en francés.
Y este nuevo sentimiento tuvo como curioso resultado que, el domingo por la noche, al volver a Ginebra, me sentí extrañamente en casa.
¿En qué consiste este viaje que estás haciendo?