Suiza, Ginebra.
El desenlace que nadie esperaba, excepto ella...
Por una pequeña abertura se fue su alma, sin pompas ni agonías. Un golpe, una puñalada más a esa alma herida de muerte por la desesperanza y la soledad.
Una caminata inocente hacia el eterno acompañante de viajes incansables. La viajera camina ágilmente, como siempre, discretamente vestida, modestamente acompañada. Un extraño se atraviesa en su camino, golpeándola. Un tropezón, un distraído.
La dama de negro camina unos metros. Aún se encuentra alegre, extrañamente alborozada. A lo lejos descubre la silueta que por tantos años le ha sido esquiva. La dama blanca la espera, con los brazos abiertos y la sonrisa amplia.
Sube al barco rápidamente, y cae en sus brazos. El abrazo tan largamente deseado es más dulce de lo esperado.
La Emperatriz ha sido asesinada.
Morir al fin en Ginebra, lejos de la opresión de la etiqueta palaciega que tanto odiaba, de las pompas, las fanfarrias, de los padecimientos eternos, de las agonías lánguidas, del sufrimiento de sus hijos y la alegría de sus enemigos.
Un hermoso cadáver de sesenta y un años, un metro setenta y dos de altura, 45 kilos de peso.
Un italiano, proyecto de anarquista, orgulloso de sus actos y decepcionado al pensar que no ha logrado asestar un golpe mortal a esa ilustre señora.
El destino ha decido el final de la obra. El telón cae dramáticamente, violentamente.
La herida mortal es triangular, apenas una pequeña abertura en el corazón. La sangre se derramó gota a gota. nada pudo hacerse para salvar ese corazón herido, roto, desgarrado por años de frustraciones, soledad, desamor. Este golpe fue apenas el empujón final hacia ese abismo por tanto tiempo añorado.
La emperatriz vuelve a Viena. No hay escapatoria posible de la cripta imperial. No la tuvo Rodolfo, no la tendrá ella.
Su cuerpo será repartido entre los principales monumentos de la ciudad, y finalmente reposará junto a su hijo, en la cripta de los capuchinos, donde ninguno de los dos quiso jamás estar. Dos prisioneros. Desertores en vida, capturados a su muerte.
El Aja Kyriaki y los cipreses de Corfú se hayan tan lejos, y Rodolfo tan cerca.
El silencio cae pesado, acabando con los lamentos, los gritos, el llanto. Ya no más risas crueles, palabras envenenadas. Ya no más recuerdos dolorosos ni almas desgarradas.
El fin.
La gaviota recupera sus alas y se aleja, confundiéndose con la espuma de las olas. El águila la espera en una roca para protegerla.
Na!!!!
se te re extraña!!!
yo espero tambien vernos pronto,
sos una amigasa.
te quiero mucho, espero que te mejores pronto!
besotes.
nanimmmmm ....
querida mia....
como andas ????
sory q no te conteste el sabado, estaba sin credito y en casa con conjuntivitis.
un bajon !!!!!
pero este fin de salimos si queres.
necesito aire y distraccion.
se te re extraña querida en la pista.
a ver si nos vemos.
te mando ms, dale ???
muchios muacks .....
te adoro mallllllll....
:)
Mi querida amiga, la dama enmascarada, me recomendó tu fotolog y realmente he quedado maravillada... preciosa visión la que muestras de esta mujer tan incomprendida.
besosssss
Que barbaridad, como consigue usted emocionarme, madame. Es perfecto, no podria cambiarse ni una sola palabra sin que el resultado se resintiera, pero ademas no solo es perfecto en cuanto a la forma, sino en cuanto al fondo y a la sensibilidad que transmite. Con usted no solo entendemos al personaje, sino que sentimos al personaje, y nos conmueve. Casi somos ella a traves de usted!
Bisous