Es ese justificarme los actos ajenos lo que me llevó a la enajenación.
No autodiagnostíco juicios de antemano y cuando vuélvome invidente todo parece oro. Imitaciones baratas de metal que no venero.
Soledad se llama mi sombra.
En ocasiones se conformaba con rozarme, pero al caer la noche me convertía en el epicentro de la plenitud de su negrura.
Lo suyo es un acapararme egoísta al que jamás nadie hizo frente.
Ni yo misma.
Déjame pues que me anquilose como hielo esculpido al intuirme en desacuerdo con su glacial penumbra.
[ Lo que nunca ]
Que me embeba al verme con capacidad de revelarme.
Que me desconcierte el verme en discordia.
Que me conmueva verte poner el yelmo y declararle la guerra.
Que descubra que nos proclamamos, yo, novel triunfante; tú, invicto.
Alma belicosa, socórreme cuando me entre el pavor por estas fieras que guardo dentro.
Prometo susurrarte con la voz de mis ojos el preceder de cada zarpazo y si te hieren, está de más decir que habrá friegas.
Alea iacta esthttp://www.youtube.com/watch?v=etLa1xipu0g
Tanto para tanto, aspiraciones y bloqueos. Luchas, peleas, techos y encuentros para darnos cuentas de que somos los mismos de siempre.
Además de que ya nos conocíamos, nos miramos extrañados. Nuestro cerebro se saluda a diario, pero no ha evolucionado desde el prehistórico, actúa y reacciona igual, lo que antes le servía para una cosa, ahora lo usa para otra, seguramente parecida. El miedo es igual, la alerta a ser devorados igual. El desconcierto del mañana, idéntico.