Hubieron unos instantes de silencio profundo, que el chico utilizó para respirar profundo y recuperar energía. Casi podía sentir los ojos de aquel ser, de aquel espectro maligno, recorriéndolo, descubriendo cada rincón, rompiendo cada defensa impuesta por sus sentimientos.
Tras unos cuantos instantes en que le chico se sintió desnudo ante la voz, ésta dijo, irónico.
-¿Con que el pequeño se ha enamorado?- al escuchar esta frase, el joven sintió que sus últimas fuerzas lo habían abandonado, y que ya nada lo podría defender- ¿Con que el niño ha caído en ese juego?
-No- repuso, amargamente, el chico- Yo no me enamoro. Ya te lo dije una vez.
-Silencio- le ordenó la voz- Maldito mentiroso. ¿O acaso no recuerdas tu imagen sufriendo, llorando por una mujer? ¿No te ves pidiendo a gritos venganza? ¿No recuerdas haber jurado vengarte de todas las mujeres, sin importar nada, ni siquiera el amor? Insulso. Has caído en sus redes, y vas a sufrir.
-No, no voy a sufrir- replicó el joven, sin convencimiento- Yo la…
-¿La quieres? ¿La amas?
El chico sintió que le faltaba el aire. ¿La quería realmente? ¿O era sólo otro de sus juegos?
-Yo…- murmuró en voz alta, pero el zumbido en sus oídos y el vacío en su estómago le indicaron que el ser se había ido, en el peor momento, aprovechando la indecisión del muchacho, dejándolo con sus miedos.
Se sintió inmensamente solo, y se pasó una mano por la boca. Tocó un líquido suave y se percató e que estaba sangrando.
-¿Qué diablos?- exclamó, al notar en su boca el inconfundible sabor de la sangre.
Se puso de pié con rapidez, pero sus piernas flaquearon y cayó al suelo, incapaz de moverse. Su boca con sangre le impedía gritar, y sus dedos no se movían. Su cuerpo no respondía a las órdenes de su mente. Tras unos minutos y, con gran esfuerzo, se puso de pié. Luego de unos segundos, la sangre había desaparecido de su boca, y sus articulaciones recuperaban su habitual movilidad. Al incorporarse completamente, sintió un escalofrío en su espalda, y la garganta seca. Luego sucedió. Sintió como si miles de cuchillos candentes le perforaran cada milímetro de su cuerpo. Su cara le ardía dolorosamente. Caminó a tropezones hacia el baño y ahí, se observó en el espejo. Pequeños rasguños le abrían la piel por todo el rostro, y le hacían sangrar profusamente. Quiso gritar, pero su voz no salió de su garganta. Sus manos tiritaban violentamente. Su vista se nubló y sus rodillas temblaron. Se afirmó en el lavamanos e intentó respirar.
-¿Lo harás?- resonó la voz en su cabeza, desafiante- ¿Cumplirás tu sentencia?
El joven apretó los ojos y frunció el ceño. Estaba juntando todas sus fuerzas para no dejarse vencer ante la voluntad del ser. Finalmente, balbuceó, mientras un hilillo de sangre corría por la comisura de la boca.
-No. No lo haré- sintió punzadas en su cabeza y espalda- No lo haré. No lo haré.
-Si lo harás- susurró la voz fría- Lo harás, ¿verdad?
El chico intentó respirar, pero el aire no llegaba a sus pulmones. Uniendo sus fuerzas, y evocando la imagen de su compañera en su mente, gritó.
-¡¡No lo haré!! ¡¡La amo!!- y se desplomó en el suelo, exhausto.
La voz se había ido. Notó que ya no tenía sangre en la cara, y que su respiración volvía a su ritmo habitual.
Volvió a la sala y miró la hora. Ya era las 10:30. Al parecer, el tiempo había pasado más rápido de lo habitual mientras el discutía con la voz. Fue a la habitación y tomó el bolso. Comenzó a echar en él varias prendas de ropa, junto con música y libros.
-No me vas a vencer- musitó en voz baja- No me ganarás.
Guardaba las cosas con violencia, farfullando maldiciones contra el ser.
Cuando se aprestaba a ponerse la chaqueta, en el salón, para ir a buscar a su amor, sintió un cosquilleo en la pierna, y, al mirar hacia abajo, se quedó helado.
Una serpiente subía por su pierna, enroscándose y apretándolo cada vez más. Su mirada era demoníaca y sus colmillos relucían con malicia. El joven quiso sacarla de ahí, pero la víbora, en un acto rápido, le mordió tres veces en la rodilla. El muchacho gritó y cayó al sillón, retorciéndose de dolor. Sentía la sangre empaparle el pantalón. Se tocó la pierna y notó que la serpiente ya no estaba y, al mirar a su alrededor se percató de que todo estaba oscuro. También sintió un amodorramiento por todo su cuerpo y se dio cuenta que no estaba en casa, que no estaba en ningún lugar. Chirriantes sonidos le rompían los oídos, mientras que un dolor se extendía por cada célula de su cuerpo. Pero no podía gritar, estaba atrapado. Apretó los ojos y vio a su amor sentada en una cama, llorando desesperada. Quiso correr, abrazarle, decirle que todo estaba bien. Pero no pudo. Y, mientras sentía que se quemaba por dentro, escuchó la voz cerca de su oído, susurrando, siseando desagradablemente.
-¿Lo harás?- el chico estaba aterrado- Tengo toda la eternidad para hacerte sufrir. ¿Lo harás?
CONTINUARÁ
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te kero
me enkantan tus hstorias
adios :D!