9/20/09
Dicen que quienes viven cerca de las cascadas no oyen el agua. En Efecto. Al principio era terrible. No podíamos soportar estar en el interior de la casa durate más de unas cuantas horas. Las primeras dos semanas estuvieron llenas de noches en vela y gritos para hacernos oír por encima del agua. Luchamos mucho sólo para recordarnos que lo que nos unía era el amor y no el odio. Pero la cosa fue mejorando durante las semanas siguientes. Ya pudimos dormir un número razonable de horas cada noche y comer en la casa sintiendo una ligera molestia. Seguíamos maldiciendo el agua, pero cada vez con menor frecuencia y menor furia. Sus ataques hacia mi también menguaron. Es culpa tuya, me decía. Tú quisiste vivir aquí.
La vida continuó, como continúa la vida, y el tiempo pasó, como pasa el tiempo, y, tras poco más de dos meses: ¿Oyes eso?, le pregunté en una de las pocas mañanas que nos sentamos juntos en la mesa. ¿Oír qué?.Dejé el café sobre la mesa y me puse en pie. ¿Oyes eso?.
¿El qué? preguntó ella.
¡Exacto!, dije yo, corriendo al exterior para señalar con la mano la cascada. ¡Exacto!
Bailamos, lanzando puñados de aguapor el aire, sin oír nada. Alternamos los abrazos de perdón con gritos de alegría al haber triunfado sobre el agua. ¿Quién ha ganado? ¿Quién ha ganado, eh cascada? ¡Nosotros! ¡Nosotros!
En Londres pasa lo mismo pero con los aviones... que con tanto aeropuerto alrededor se oyen en todas partes.
... y en mi estudio sólo los oía yo! (los primeros 10 días, claro).