Tú y yo nos reiamos de los problemas. De los ajenos y los propios. Los ajenos nos producian carcajadas q duraban horas. Podriais llamarme cruel, y aún así os quedariais cortos. Nos reiamos de la mortalidad, de la incertidumbre y de los finales. Nos regocíjabamos en las penurias ajenas. En el miedo a lo desconocido para nosotros no era más qué algo banal. Insustancial. El miedo ala muerte no era más que un miedo absurdo, ¿ porque temer la unica cosa qué sabemos que va a pasar 100%? Intentar evitar los finales tristes no es más una huida con muy pocos visos de ser exitosa. Los finales, tristes o no, sólo son finales. Y eso nos hacia tantísima gracia. Recuerdo el dolor en las mandibulas a causa de la risa descontralada. Recuerdo las lágrimas recorriendo mis mejillas mientras nos retorciamos por el suelo. Lo recuerdo con tanta nitidez que podría haber sido ayer mismo. Pero también recuerdo el día en que las mandibulas ya no nos dolían a causa de la risa y las lágrimas eran frías y tristes. Recuerdo el día en qué nos dimos cuenta, qué todo eso no tenía ninguna gracia. Lloramos, como nunca lo habiamos hecho. Y todo perdió su sentido.
On October 18 2009
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