12/13/09
Siempre que me pongo melancólico vuelvo a subir fotos, vuelvo a escribir lo que la mirada intenta transmitir.
Una mujer una vez me dijo, aludiendo a mis recuerdos y a mis libros, sin saberlo. Aludiendo a lo que alguna vez yo también le dije, que viera el todo, y no tan solo la parte.
Ver el todo es algo que no todos hacen, pero que muchos creen que hacen. Para hacerlo no se necesita un par de ojos, se necesita un corazón y una mente limpios. De lejos se pueden ver mejor las cosas.
Mi mente se turba de sensaciones que me hacen volver a escucharla. Mi corazón late fuerte, para que no me olvide de él, pues ahí es donde vivo. Me di cuenta, nuevamente, hace algunos meses, poco antes de tomar un avión. Tomé palabras que no tenían intención de cambiarme, para ayudarme a cambiar. Para que lo que decía que iba a hacer concordara con lo que hacía finalmente. Lo que no supe hacer, y que aun no comprendo bien, es comunicarme eficientemente. Por eso es la imagen que he generado frente a mis amigos...
A ratos, mi mente me pide que por favor no la haga reflexionar, que cierre los ojos, que duerma, que borre todo lo que escribo. Me dice gritando, con voz de pasado, que vuelva a las sillas negras, a las puertas azules, a las escaleras blancas.
Le dije a un par de personas, solo puedo darles una explicación. Me dijeron que no querían oír explicaciones. Las palabras que duelen son las que llevan la verdad, las palabras que agradan llevan el engaño.
Mi situación me impedía tomar decisiones, al estar carente de un orden en mis prioridades. La fuerza de los compromisos me sometía a los compromisos. La incapacidad de comunicarme me sometía a comunicar algo que no era lo que quería comunicar. Las cosas me sobrepasaron, tenía que optar. Mis prioridades, ahora ordenadas, me sacaron del tornado de palabras, del tornado de pensamientos. Hoy tengo el tornado dentro de mi cabeza, pero lo escucho de lejos la mayoría del tiempo, escucho palabras que me tranquilizan... y cuando bajo la mirada, hacia mi corazón, descubro que la tranquilidad que pueden entregar los pensamientos no es otra cosa que un caos disfrazado...
De lejos se pueden oír mejor las cosas.