Memento ante una taza de té. Gracias por existir
11/9/09
No era algo que hubiésemos planeado, ni tampoco se trataba de algo preconcebido con antelación. Era una cita, una cita más entre tres amigos que hacía tiempo que no se veían. O al menos, eso podía parecer a ex puertas.
Sentados ante una humeante taza de té (evocando más las leyendas andalusíes que los estereotipos anglosajones), tratábamos de evocar recuerdos felices, memorias imborrables, pensamientos que no se quedarían únicamente en el aroma del té que nuestros paladares degustaban. Sin saber cómo ni por qué, llegamos a ese punto de nuestras vidas en el que nuestros caminos se cruzaron. Como si fuera un pacto tácito, por insondables motivos que escapaban inicialmente a nuestro convencimiento, llegamos aquí, a este mundo del que nada se sabe y del que todo el mundo ha oído hablar.
Llegamos amparados por esa curiosidad que sólo otorga lo nuevo, lo desconocido; por la tranquilidad que otorga el don del anonimato frente al mundo real, en el que la carta de presentación de un rostro o un cuerpo vale mucho más que la representación de la mente o de las ideas. Si los griegos hubiesen vivido en esta época, sin lugar a dudas, se habrían tirado de los pelos y se habrían rasgado las vestiduras.
Sin embargo, no fue nuestro caso, pues nuestro mutuo conocimiento se produjo a través de la exposición de ideas, sensaciones y sentimientos, en las que nada tuvo que ver el reflejo de una apariencia física que poco o mucho se relacionaba con la realidad.
Nuestras motivaciones... ¿Cómo llegamos a este mundo? En un principio, tal vez, fue por la novedad, por el hecho de que conocidos, familiares o amigos hubiesen utilizado este medio como forma de comunicarse con un mundo que se les antojaba vacío; posteriormente, las ansias de expresión se hicieron más grande, hasta tal punto de que intentamos comunicar nuestras inquitudes a través de una hoja de papel imaginario que volaba a través del tiempo y del espacio a través de ondas cibernéticas que, en ocasiones, se nos antojaban convulsas. Se convirtió en nuestra vía de escape, en nuestro desahogo, en esa ventanita al mundo que abríamos cuando las cosas, cuando la rutina diaria nos producía una sensación de vacío o de habitualidad que nos atenazaba como hierro candente.
Tal vez sea esta la parte más controvertida de este viaje por este universo que comenzó allá por 2007, cuando apenas sabía de nada y a la vez de todo. Una parte que ha ido mutando, hasta transformarse en un improvisado "Cuaderno de Bitácora", no sólo por ser una narración de mis viajes, sino por ciertos eventos de mi vida que han resultado ser más importantes e impactantes de lo que jamás hubiera soñado.
Y es que, la vida, más que el tiempo transcurrido, son los momentos vividos, las personas que aparecen a lo largo de nuestro vivir, las alegrías y las penas que configuran nuestro yo.
Ante circunstancias tan típicas, como es el hecho de tomarse una taza de café, en compañía de personas que jamás pensé que podría conocer en esta vida, dí gracias a la vida. Gracias por haber hecho que conociera a personas tan especiales, a individuos anónimos que hacen que la vida de los demás sea un poco más alegre y un poco más especial gracias a su sola presencia. Dí gracias por estas personas que no se conforman únicamente con presencias cómo pasan los días y las horas, sino que intentan por todos los medios que cada minuto sea único e irrepetible...
Dí gracias... por estar con ellos. Me sentí afortunada por estar con ellos. Fuí feliz estando con ellos.
A esas dos personas que compartieron mesa, pastas y té conmigo; a esas dos personas que me abrieron alma, mente y corazón...
A estas dos personitas especiales... De todo corazón...
GRACIAS
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IMAGEN: Taza de té
CANCIÓN: "O bruxo da Montaña" (Milladoiro)
CITA: "Cuando bebas agua, recuerda la fuente" (Proverbio chino)