11/8/09
Todo cambia. Todo pasa. Todo vuelve. Y todo se marcha, de nuevo. Lo único que es permanente es el cambio. Parece un contrasentido pero, curiosamente, no lo es. Es, más bien, un reto.
Un reto ante el cual, lo más inteligente que puede hacer el ser humano es fortalecerse para que esos cambios no lo arrastren, como lo haría la fuerte corriente de un río. Huir no sirve. Esconderse tampoco. Los cambios te persiguen, te atrapan, te desconciertan. Y eso es, precisamente, lo mágico. La descomposición te lleva a la búsqueda, al intento de recuperar el orden y, finalmente, al crecimiento, a la renovación. Y, para ello, no siempre es necesario prestar batalla, a veces es mejor, incluso, batirse en retirada, refugiarse en la retaguardia y combatir a los propios fantasmas en el silencio de la soledad.