Ahora es momento de reclusión. Es el turno de jugar al escondite. Tú te escondes, yo te busco. Tú me buscas, yo me escondo. Así continuamente hasta que alguno de los dos decida parar el juego. ¿Realmente queremos pararlo? ¿Es necesario pararlo a mitad de la partida? Nos encontramos y nos volvemos a perder. Así será todo mucho más fácil.
(Rallada momentánea cinco minutos antes de entrar a Crítica Artística. Voy a echar de menos a ese hombre…)