12/22/09
Por primera vez en mucho tiempo, me encontraba en el lugar adecuado. Lugar que, como tantas otras cosas en el mundo, carece de ese tipo de belleza sobrenatural y tampoco destaca entre otros lugares que hayas visto antes. Pero, como acostumbro a decir, la belleza empieza en los ojos, o el corazón, que dirige la mirada o la intención hacia el objeto deseado. Y si tú te quedas aquí y miras como yo estoy mirando y sientes como yo lo hago, este espacio-tiempo se quedará guardado en algún lugar de tu memoria. Me atrevo a decir que querrás volver, algún día. ¿No sería bonito que acabaras amando algo que yo tanto adoro, tan sólo dedicándole unos momentos de tu vida? Nunca se sabe, podrías acabar convirtiéndolo incluso en un lugar de refugio, como los que vamos allí y no vemos sólo lo que parece ser. Por eso, al llegar, tan sólo me descalzo pero no me desvisto. Sólo necesito sentir la humedad en los dedos de los pies y notar cómo se hunden mis talones al avanzar un poco más hasta que puedo contemplar desde la primera fila el horizonte que lleva años hipnotizándome. Y me siento, doblo mi cuerpo y me intuyo tan pequeña, pero tan feliz. Porque lo soy, mientras cambia el cielo de color en vulgares combinaciones de tonos que parecen improvisadas y resultan tan perfectas, tan acompasadas con el sol que vuelve a casa rompiéndose por la mitad a lo lejos, dejando una estela dorada que acaricia al mar, consolándole,susurrándole a su manera que mañana volverá.Mientras todo se vuelve un poco más oscuro aparece una luz intermitente que gira, una guía escondida, para que todos sepan llegar, para que nadie se lo pierda... Estoy tan ensimismada en todo esto que, de repente, se oye un estruendo muy cerca de mí y, cuando consigo mirar, ya tengo los pies mojados y me he levantado de un salto. Sonrío mientras tú maldices mirando tu ropa mojada; creo que está refrescando y ya es hora de volver por hoy. De vuelta sólo me queda la nostalgia y la certeza acerca de un hecho. El mar llegó porque ansiaba conocer a los extraños que osan mirarle tan de cerca cada día, casi rompiendo su lucha interior, desde un lugar que siempre se le antoja inalcanzable. El mar sólo deseaba conocer la tierra.