Para los amantes de la historia antigua,y en especial, la romana
7/15/08
"En el momento de nacimiento de César y durante su juventud, la situación política en Roma era confusa y muy explosiva. Esa Constitución cuyo maravilloso equilibrio causara a Polibio tanta admiración cincuenta años antes, había sido luego enteramente desvirtuada, y solo funcionaba en medio de sobresaltos cada vez mas violentos.
La explicación de esa inestabilidad es muy sencilla. En el 264 antes de nuestra era, cuando comenzó el gran duelo entre Roma y Cartago, la primera sólo dominaba Italia desde la llanura del Po hasta el estrecho de Mesina. Pero más tarde, en el curso de poco más de un siglo, habíase anexado sucesivamente: Sicilia, Cerdeña, Córcega, Galia Cisalpina o sea la llanura del Po, Galia Narbonense, la mayor parte de españa; en África, el antiguo territorio de Cartago, que corresponde, aproximadamente, al ocupado por Tunez; Acaya o Grecia actual; Macedonia y en Asia, el antiguo reino de Pérgamo.
La prodigiosa expansión del territorio romano había transformado profundamente las costumbres de la ciudad y alterado el funcionamiento de su Constitución. Dos clases sociales habíanse enriquecido enormemente: la de los senadores, que tenían el monopolio de las magistraturas, de los mandos militares y de los gobiernos provinciales, y cuyas vastas propiedades se extendían por Italia entera; y la clase de los caballeros, que se dedicaban especialmente a los negocios bancarios, y a la recaudación de los impuestos mediante el pago de una suma al fisco. Existía, en consecuencia, una aristocracia propietaria y otra del dinero, que compartían los beneficios de la conquista, y que parecían inexpugnables mientras se mantuvieran unidas.
Por el contrario, la clase media de los pequeños propietarios que cultivaban personalmente la tierra, y que constituyera la fuerza principal de los ejércitos romanos, se hallaba arruinada y diezmada por las continuas guerras. Los sobrevivientes habían engrosado las filas de la plebe urbana, hacinamineto de individuos sin trabajo regular; vivían en Roma de la distribución pública de trigo y aceite, y en epecial de la espórtula que repartían cada mañana a sus clientes, en el patido de sus palacios, los insignes personajes que aspiraban a un cargo público, y que para lograrlo necesitaban el favor del pueblo.
En realidad, esos desdichados no pesaban en forma decisiva con su voto, ya que los conmicios o asambleas del pueblo se hallaban compuestos de tal maneda que los ricos hacían la ley. Pero era de buen tono presentarse en el foro acompañado de un séquito numeroso y bullanguero; además, esa gente podía ser útil para defenderse de los rivales, o para intimidarlos; los burgueses acomodados, de los que dependía la elección, no eran insensibles al alboroto de los tumultos populares.
Roma y el Imperio se encuentan así en manos de una oligarquía todo poderosa que casi no admite hombres nuevos en su seno; que tolera entre sus miembros la existencia de acerbas rivalidades personales, con tal que los rivales no lleguen al extremo de poner en tela de juicio sus propias bases del sistema, fundado en la posesión de tierra por la Orden de los senadores y en la del dinero por la Orden de los caballeros. El senado, que integran los ex magistrados, constituye la expresión colectiva del régimen. Cuando se respetan las fomras democráticas, corresponde a ese cuerpo el poder supremo de decisión en todos los asuntos; los senadores poseen, también, el privilegio de juzgar.
Entre 133 y 121, los Gracos: Tiberio y CAyo Sempronio Graco, dos hermanos pertenecientes a la más encumbrada aristocracia, habían atacado precisamente las bases del sistema. Tiberio con el fin de reconstruir la clase media, ordenó mediante su ley agraria la distribución a los pobres de las tierras de dominio público usurpadas en Italia por los senadores. Como ello significaba quitarles buena parte de su fortuna y por lo tanto de su influencia, reaccionarion violentamente: Tiberio fue asesinado entre el Capitolio y el Foro. Diez años más tarde, Cayo intentó no solo vengar a su hermano, sino también llevar a cabo una verdadera revolución poniendo frente a frente las dos fracciones de la oligarquía dominande: los senadores y los caballeros. De esa manera fue, por un momento, el dueño de Roma y, para lograrlo definitivamente, solo le faltó la fuerza militar. Por último, corrió la misma suerte que su hermano, terminó masacrado y el régimen fue retaurado...."
EN LA PRÓXMIA FOTO SIGUE PORQUE NO ME ENTROOOO!
Dedicada a Nico Ventieri, quien comparte este fiel amor por la historia antigua.
TE QIERO LOCURA