Como ex-jugador, árbitro y quizá en algún momento comentarista de básquet, creo que Emanuel David Ginóbili está escribiendo una página dorada no sólo en la historia del básquet nacional, sino en la historia del deporte argentino. Manu es un jugador que ya se consagró en todos los aspectos concernientes a su deporte: Debutó en la Liga Nacional, fue a Italia y salió campeón de los torneos más importantes de dicho país y del continente europeo, siendo elegido MVP en varias ocasiones, fue campeón en su primer año en la NBA, ya fue seleccionado para un juego de Estrellas y obtuvo el sub-campeonato mundial (cortesía del árbitro Pitsilkas) y el campeonato Olímpico (cortesía de un equipo de aquellos), siendo elegido en el quinteto ideal de ambos torneos, goleador de ambos certámenes y MVP en los JJ.OO. Un verdadero fenómeno. Un jugador que no se la cree. Cuando le toca interpretar un papel de jugador de rol, lo hace, baja las piernas, defiende como una fiera, pesca foules de ataque y roba varios balones. Cuando tiene que juntar marcas y asistir a un compañero, no tiene dramas. Y cuando tiene que ir hacia al aro y bancarse los golpes, lo hace con la mayor determinación. Un ejemplo de su guapeza es que le pegan y sigue yendo para adentro como si nada, lo que lo convierte en el jugador que va más veces a la línea de libres. Otro aspecto para destacar: Es de los pocos jugadores que a medida que las cosas se ponen difíciles, aumenta su nivel. Esto se evidencia en que promedia más puntos en la post-temporada que en temporada regular. Les dejo un abrazo y aguante Manu.