La Herida Contemplativa (extracto)
1/4/09
Paseemos a nuestras mujeres con abrigos de visón. Pero que mientras, ellas envueltas en bisutería presuman de cómo han conseguido unas chanclas para la playa por menos dinero que lo que vale un croissant, o un par de bragas en 3x2 para la niña en el mercadillo.
Vayamos en coches de lujo y con móviles de pantalla táctil a comprar en chándal marcas blancas en el supermercado más barato.
Saquemos el carné de socio del Betis al niño mientras pedimos prestados los libros de texto a su primo mayor. Sí, ése que repitió dos veces. A pesar de los años, a juzgar por las páginas arrancadas y pintarrajeadas no parece que se hubiera encariñado mucho con los libros. Le podrán valer, al menos hasta el tema 7, el último legible.
Hablemos del chalet que tenemos en la (sexta línea de) playa a nuestros vecinos en el rellano, que se mueran de la envidia. Y que les zurzan si no pagamos la comunidad que está por las nubes, que además no queremos trasteros.
Encendamos nuestros móviles en el tren y contemos a quien esté al otro lado del teléfono que estamos en el AVE. A ser posible llamemos a algún envidioso vecino o compañero de trabajo, y gritando alto para que todos en el vagón vean que tienes un 3G.
Quejémonos de la inmigración pero compremos a los negritos los discos que en las tiendas están muy caros, y mejor piratas. Regateemos al senegalés de turno con desprecio, y cierta sorna, vacilando con soltura. La soltura que nos da el haber nacido en otra latitud con más oportunidades y haberlas desaprovechado casi todas. Mientras él, siguiéndote el rollo, se acuerda del día que propuso, con la ingenuidad del recién llegado, que además de copiar CDS de películas, podrían sacar una pasta fotocopiando libros y poniéndolos a la venta.
Más libros, más libres. Menos ignorancia y más tolerancia.
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amén