Soneto VI
A tí, arpía
Carros de guerra irrumpen raudamente,
Rompiendo, a gran ritmo, muros de roca.
Regurgita la arpía por su boca
Improperios vacíos, cual su mente.
Ruda neurona, que vive indigente
En el ogro que orgulloso le ahorca
Con tremendas idioteces, te toca
Trabajar en nombre de una demente.
¡Oh, anciana, que de Filis robaste
La juventud que ella no disfrutaba
Y a Damón, cual vil ladrón, acusaste!
De tus múltiples locuras esclava,
Su alma murió, tú sola la mataste.
Aún su cuerpo quedó tal como estaba.
Regreso para dejaros aquí este soneto. ¿Por qué, si había dicho que se acababa esto? Porque va por alguien que sé espía, como una de tantas fuentes, a un servidor. ¿Motivos? Preguntádmelos en Ca Pepet, compadres, porque es largo. Saludos, y cuidado con los militares.
On July 04 2009
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