...Y si no, liquidemos inmediatamente al calumniador.
9/14/08
Si me preguntasen cuál es el ser al que más envidio, respondería sin vacilar: aquél que, descansando entre las palabras, vive en ellas ingenuamente, por consentimiento reflejo, sin cuestionarlas ni asimilarlas a signos, como si se correspondiesen a la realidad misma o fuesen lo absoluto, disperso en lo cotidiano. No tendría, como contrapartida, ningún motivo para envidiar a quien las penetra con clarividencia, discerniendo su fondo, su nada. Para él, ya no hay relaciones espontáneas con lo real; aislado de sus útiles, acorralado a una autonomía peligrosa, alcanza un sí mismo que le espanta. Las palabras le huyen: como no puede alcanzarlas, las persigue con un odio nostálgico y nunca las profiere sin una risotada o un suspiro. Si bien no comulga ya con ellas, no puede, sin embargo, pasarse sin ellas y es precisamente en el momento en el que está más alejado, cuando más se aferra ellas.
Incurable: adjetivo honorífico del que no debería beneficiarse más que una sola enfermedad, la más terrible de todas: el Deseo.
y tan sólo quedo decir. . . . . . . . . .......
que el deseo me mata a golpes¡¡¡