Como todo el mundo, supongo.
Pero es que, desde que soy funcionaria (aunque odio pensar en mí misma como “funcionaria”; yo soy, ante todo, profesora) me topo con ella constantemente.
Y, dos veces al año, simplemente me peleo a brazo partido contra ella. Cuando tengo que participar en el concurso de traslados y en el de adjudicación de destinos provisionales.
Como siempre, la situación es kafkiana. Tengo un tiempo muy limitado para conseguir certificados de todas las editoriales que han publicado libros o revistas donde aparece uno de mis artículos de investigación. No les basta con una fotocopia compulsada de mis trabajos, de la portada del volumen (en la que figure el ISBN) y del índice, no. Necesitan el puñetero certificado. Y apuesto lo que queráis a que al final me obligarán también a entregar los libros y revistas originales.
El resto es lo de siempre: rellenar la petición de plazas (unas 300) y buscar fotocopias de todos mis méritos para compulsarlas. Tengo la esperanza de que éste sea el último año en que tenga que hacer esto último: si me aplican bien el baremo, me servirá para los próximos concursos.
Y menos mal que tengo la ayuda de mi chico, que controla bastante de cuestiones burocráticas, tiene la paciencia del santo Job y, además, me resuelve los problemas informáticos. Una joya de novio.
Y es que rellenar instancias y buscar documentación se hace mucho más llevadero si alguien te echa una mano y, además, hay unos cuantos besos y achuchones de por medio.
Imagen: viñeta de Quino.
Audio: Madness,
One step beyond:
http://www.youtube.com/watch?v=N-uyWAe0NhQ
Es desde el piso de Raz.
Con algo de suerte, sólo te sentirás agotada.
Besos!