El día y la noche de las "comedias románticas"
11/2/09
En estos días de Noviembre coinciden en la cartelera dos películas norteamericanas que permiten enseñar de forma fácil y directa lo que es buen cine y lo que es mal cine, lo que es cine hecho con el corazón (y la cabeza) y cine hecho con el culo, un cine realizado pensando en los demás y un cine realizado pensando en los bolsillos de los demás, un cine digno y encantador frente a cine tópico e insufrible. Alguien pensará que eso se puede afirmar cada semana del año en relación a múltiples películas (generalmente más insufribles que dignas, lo reconozco), pero es que en esta ocasión la comparativa me permitirá recomendar una pequeña joya sin grades pretensiones, de estimable sencillez y que ni siquiera necesita estar entre las mejores películas del año para convencer al público joven y, por qué no, al público adulto menos acomodaticio, frente a la típica producción hollywoodiense palomitera que ya hemos visto mil veces y que siempre nos vende lo mismo.
La película insufrible se titula “La cruda realidad” y sólo destaca por una escena en la que la protagonista lleva puestas unas bragas con vibrador y tiene la mala suerte de que el mando del mismo cae en las manos de un niño que empieza a juguetear con él sin darse cuenta de las excitantes consecuencias para la portadora de las bragas. Un gag que causa risa pero que, bien analizado, la causa desde el tópico entre los tópicos: el sexo, y ya estoy harto de que cualquier broma, chiste o situación para llamar la atención en nuestra sociedad necesite del sexo. El sexo es importante y necesario, fundamental, pero se abusa de él de uan forma que causa hartazgo.
Frente a la tópica película hollywoodiense calificada en todas partes como comedia romántica se sitúa la película “indie” del momento, “(500) Days of Summer” o, como se ha titulado en España, “(500) Días juntos”. Una vez más sobra decir que el título en inglés tiene todo el sentido, porque es doble, y ese doble sentido se pierde en el improvisado título castellano. El caso es que estamos ante una película encantadora, que no insulta al espectador y que no necesita de coartadas ni chistes fáciles sobre sexo u otros tópicos para conseguir llegar al corazón. Una película que no pasará a la historia como una obra maestra (no se confunda nadie) pero que permite salir del cine con la sensación de que no te han tratado como a un descerebrado. Y sobra añadir que lo mismo sucede con la magnífica banda sonora, que por sí sola denota la sensibilidad del responsable de la cinta, con artistas tan estimulantes como The smiths, Belle & Sebastian, Spoon, Feist, Regina Spektor o Doves, con una de mis canciones favoritas de ellos, “There goes the fear”.
En el cine hay clases, vaya si las hay, y proliferan elementos para diferenciar entre una mala película y una buena; sencilla, pero buena.