COLDPLAY - X&Y

En 2005, Coldplay era un amable grupo de guitarras y piano -a lo Travis- que venía de editar dos obras iniciales meritorias en las que interpretaba encantadoras canciones no aptas para diabéticos. Todos se frotaban las manos pensando en un compilado suyo que incluyera hits como “The scientist”, “Yellow” o “Don’t panic”, y así ahorrarse el descarado relleno que abunda en “Parachutes” y “A rush of blood to the head”, discos que no me transmiten nada, fríos e impostados, pero con evidentes aciertos mercadotécnicos.

Para el tercer intento, Chris Martin, muy convencido de sus cualidades de inagotable compositor, e intentando ir más allá de sus edulcorados singles que todavía cautivan a amas de casa, ejecutivos y adolescentes con acné, sacó del closet “X&Y”, un disco que ya sonaba acartonado y paquidérmico antes de su edición. Con nada nuevo que decir y no contando siquiera con las 3 o 4 canciones de turno que apuntalaban sus primeros trabajos, los muchachos se dedicaron a llenarlo de sobreproducción para que los eternos insípidos complacientes dijeran: “Guau… Esto es una obra maestra”.

“Square one” abre el disco grandilocuentemente, lo cual me hace descender la presión arterial a 8/5. La canción es un dechado de lugares comunes a granel, unos falsetes por aquí, unos “ooohs” por allá, siempre calcando a U2, pero sonando como el peor Bon Jovi.
”What if” es una balada estéril, atiborrada del omnipresente piano, que siempre presagia que va a pasar algo, que va a surgir algún estribillo de la galera, mas nada de eso sucede, porque en el camarín de Coldplay no hay galeras, ni ninguno de ellos es mago. “White shadows” nos despierta tras el desatino anterior, consiguiendo, con su sonido ‘bigger than life’, salvar de la mezquindad el inicio del álbum. De momento, lo más salvable de “X&Y”. Un correcto tema que debería durar 3 minutos pero que se estira al doble. El último segmento, al estilo litúrgico, me da ganas de quemar iglesias, a lo Varg Vikernes.
“Fix you” es una vulgar y prefabricada balada onanista que, una vez más, intenta conmover con el falsetto, pero que nunca se eleva por encima del medio pelo, con uno de los estribillos más bochornosos que recuerde. A su lado, “Say you, say me” es una obra maestra. Teñida de gigantismo por todos lados, esta tonada, de escasos 2 minutos, parece durar 20, con un crescendo épico que nos anuncia, cual paquete promocional, que esta es LA canción del disco, pero que queda mejor como jingle de medicina prepaga.
En “Talk” no hay nada más que el fraseo de “Computer love”, que alquilaron a Kraftwerk. Sin embargo, esta versión es bastante menos fósil que la que circulaba en la net, lo cual es un cumplido, teniendo en cuenta que Coldplay es un grupo ideal para dormir lobos hambrientos.
“X&Y” es otra baladita de 5 minutos que hace que las peores canciones de Keane parezcan de Julian Cope. Me cuesta imaginar que alguien la escuche regularmente, pues los oídos supuran con tanta puerilidad 'marca Robbie Williams'.
“Speed of sound” no sólo está basada en un tema de Kate Bush, sino que es un autoplagio de “Clocks”, de su CD anterior, irradiado hasta la náusea en supermercados, funerarias, buses de larga distancia, y hasta en el lavadero de mi concuñada, por lo que pagaría por no volver a escucharla. Eso sí, en un disco como éste parece inapreciable.
“A message” intenta recuperar el espíritu de la banda, no obstante, al tratarse de otra baladita insufrible (y van… ¿cuántas?), no cuaja ni en Radio Disney. Cinco minutos más de oprobio que desembocan de nuevo en el formato acústico. ¡Vamos, Martin, todavía!
“Low” empieza más festiva, con estrofas ampulosas, que da la sensación de que quizás esta vez sí ocurra algo. Falsa alarma, y “Low”, pese a la interpretación de Brian Eno, sigue los pasos de sus hermanas (Reconozco que ya se me hace muy difícil seguir escuchando este protervo pastiche. Debería comentarlo en tres o cuatro posteos, para evitar el retorcijón perenne.).
“The hardest part” es la única canción del disco que se podría tararear en un andamio. Un balón de oxígeno que me anima a seguir adelante con determinación. Dura un poquito más de lo que debería, pero a estas alturas tampoco hay que pedir milagros.
“Swallowed in the sea”, “Twisted logic” y el track oculto “+” (alias “Til kingdom come”) son los últimas tres composiciones sin sentido, sin gracia y sin melodía que contiene esta obra con Alzheimer creativo. Catalogarlas de relleno sería un despropósito, ya que todo el nocivo “X&Y” lo es.

Síntesis: Este disco es más falso que billete de 8 dólares y menos sabroso que suflé de vaselina, dura la friolera de una hora y no contiene una sola canción notable. Por tal, pregunto: ¿alguien -exceptuando propietarios de casas de fin de semana con ropa elegante sport- puede seguir escuchando esto hoy en día?

Para apuntar: La Argentina es el país con más usuarios de pantalones pinzados por kilómetro cuadrado del mundo.

On December 02 2010 Edit






lospeoresdiscos

male - 12/08/1963 (48 years old)
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