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BALMORAL

3/1/08

Balmoral grita su último hurra

Copas. El mítico bar, punto de encuentro de 'animales nocturnos', vivió el viernes la juerga definitiva; en ella se mezcló toda su fauna, de ordinario separada por los turnos horarios

DAVID GISTAU

En esa barra en la que tantos habituales algo pasados de tragos les fueron retiradas las llaves del coche para que volvieran a casa en taxi, alguien propuso para Balmoral una solución inspirada en el ejemplo de los castillos europeos que eran comprados por un millonario americano y trasladados piedra a piedra.
Consistía en mudar el bar íntegro para encajarlo en cualquier otro hueco de su hábitat natural, el barrio de Salamanca. Y lograr así que los clientes que durante décadas llegaron guiados por el piloto automático de la costumbre a lo que era una prolongación de su salón tan sólo tuvieran que hacer algunas correcciones en la carta de navegación. No fue posible. Pronto supimos que Balmoral no sólo desaparecía. Sino que incluso iba a ser desguazado para vender en subasta, como si fueran las madalenas de un tiempo perdido, cada uno de sus ornamentos. El salmón disecado. Los sillones orejeros junto a la chimenea. El cuadro del escocés al que sus antepasados le envidian el whisky desde el más allá.Las testuces.

El impacto de bala en una pared. Y quién sabe si hasta algún parroquiano pertinaz, ya confundido con el mobiliario, que prefiriera ser incluido en el lote antes que buscarse otro bar, igual que el pianista de Novecento se negó a sobrevivir a su barco y fue extinguido con él. El escritor Pedro Bravo y este cronista, habituales ambos por resignación, coincidieron en opinar que lo que querrían llevarse para tenerlo en el salón de casa es al barman Manolo Herrero vestido con su chaquetilla de dos botones. No tanto para que siguiera mezclando esas pociones con las que nos educó el paladar y nos hizo sentir importantes cuando le presentábamos a alguna chica, y él le besaba la mano y luego, en privado, diagnosticaba si ella nos convenía. Sino más bien para seguir disponiendo, con sólo aparecer por ahí, con lo más parecido a un confesor al que hemos acudido para que nos espante las dudas, las inquietudes, las culpas. Y todo ello sin imponer más penitencia que un sorbo bravo de tequila añejo con el que podíamos ir en paz.

El pasado viernes, sin música como siempre, Balmoral gritó su último hurra. Era raro ver mezcladas en la despedida a todas sus faunas, de ordinario separadas por los turnos horarios como si hubieran tenido pactado compartir un mismo territorio a condición de no encontrarse nunca. La aristocracia del mediodía y la tarde, con su aspecto de salir a cazar con sombrero de pluma tirolés.Tan frecuentes y familiares que, cuando no les encontraban en el número de casa, les llamaban al teléfono de Balmoral. Y los de la hora golfa. Periodistas conspirando o cebando la carga de un adjetivo para dispararlo en el folio del día siguiente.Escritores, fotógrafos, pintores y músicos que en algún tiempo llenaron de Harleys la acera y que descubrieron Balmoral cuando eran héroes de un solo día, como cantaba Bowie, durante la Movida.

Y que ahora, antes del último exceso, hablaban de lo último que les prohibió el médico. Había amigos de toda la vida que sólo se abrazaban cuando se encontraban en Balmoral: éstos sabían que, una vez corrido el cerrojo, no volverían a verse jamás.

El pasado viernes, con mucho humo como siempre, Manolo estaba a nuestro lado de la barra, vestido de paisano:

«Yo, con el traje de barman y en la barra, soy como Manolete.Os llevo a todos al natural. Pero así estoy perdido, no sé ni quién soy». Él y sus socios, Agustín Nieva y María Angeles Ruiz, se sentían custodios de una tradición, del último reducto de todo un modo de entender la vida que ahora les ha sido arrebatado por los barandas de la especulación, los que agarran un legado cultural y lo meten en la máquina de picar carne. A Manolo, que no es hombre de quedarse en casa sosteniendo el ovillo, le tenemos convocado para que cuanto antes nos abra otro bar hecho a partir de una costilla de Balmoral. Así, no sólo nos devolverá a un amigo al que llevarle, algún día, a los hijos como antes le llevamos a las chicas. Es que además sólo así puede evitarse que, en los próximos meses, la inercia lleve hasta la calle de Hermosilla a unas cuantas almas penitentes, desorientadas, que buscarán a su barman en las sombras de ese puto garaje que va a ser excavado donde antes estuvo Balmoral. Como dijo Jorge Berlanga:

«Qué rápido han pasado estos 50 años. Y eso que nunca hubo camareras».




Fuente:

http://www.elmundo.es/papel/2006/03/20/madrid/1944876.html

Guestbook Comments (7)

Bonito texto. Gracias por escribirlo aquí.

Saludos desde Valencia (España)

Impactante,muy emotivo.Saludos electros.Ariel.

me pasoo q andes de 10..
bsoss...
nos vemoss..

loqui... perdido.... felices pascuas man.

besos!! entre equivocadamente a tu flog.. y.. firme ups ^^
jajja!!! besoss pasatee te pongo en efes :)^^

maii!!

COCHE FUNEBRE UP YOUR ASS MOTHERFUCKER!


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grande balmoral, el sabado en el antzoki pudimos disfrutarlo

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