40 AÑOS DE SU MUERTE
2/9/08
* EL CHE PERDIO EL HEROISMO DE LA VIOLENCIA PARA TROCAR EN SIMBOLO PACIFISTA
* LO VENERAN FRIVOLAMENTE ALGUNOS QUE SOLO DARIAN SU VIDA POR UN PLATO DE SUSHI
De la misma forma como lo mataron a él indebidamente, sin juicio previo y sin garantías procesales por parte del ejército boliviano, así mataba fríamente el Che a sus adversarios y prisioneros.
Los cuarenta años dieron para todo, incluso para recordarnos que no se puede construir otro relato del guerrillero sin caer en el lugar común y políticamente correcto del héroe romántico.
Hace décadas que el mundo habla de él, pero este 2007 sirvió para su canonización definitiva. Es una lástima que la ley de protección del argentino medio bienpensante nos imponga tanto temor de contar una historia más realista, más respetuosa de nuestra inteligencia y de la misma memoria de un hombre que fue muchas cosas, pero no un hipócrita.
El tiempo, en este caso, no ayuda. A medida que nos alejamos de aquella muerte solitaria en la selva boliviana, va creciendo un cuento vacío tanto de ideología como de información. La distorsión hace que cualquiera enarbole hoy una bandera del Che. ¿No nos dice que algo raro sucede con la memoria colectiva el hecho de haberlo convertido en un héroe multitarget? ¿Cómo terminó siendo admirado por igual por un militante de Macri, uno de Quebracho, un barrabrava de Lanús, un empresario de Puerto Madero, un mendigo de Constitución, un banquero, un peón, un periodista de Ámbito Financiero, uno de Página/12, un ministro, un sacerdote, un pacifista, un guerrillero, un narco, Tyson, Maradona y Chávez? ¿Pueden personas tan distintas entenderlo y admirarlo tanto? ¿O será que para admirar no hace falta entender demasiado? ¿O cada uno se inventó al Guevara que más cómodo le sienta?
Lipovetsky enseña cómo la posmodernidad dio origen a una era de imperativos débiles, la de la “cultura higiénica y deportiva, estética y dietética”. “Ya no tenemos imperativos heroicos ni sentido de la deuda”, dice el autor de “La era del vacío” , quien denominó a esa nueva sociedad como “posmoralista”. La describe así: “Es una sociedad que repudia la retórica del deber austero y corona los derechos individuales a la autonomía, al deseo, a la felicidad”.
Lo que sirve para comprender la transformación del mito Guevara, es entender que fue simultáneo al paso de una sociedad moderna a otra posmoderna.
Y a la posmodernidad ya no le cuajaba el mito del héroe guerrero, capaz de morir o asesinar por un ideal (la Argentina de los 70 idolatró a ese tipo de personajes), por eso construyó nuevos mitos que vienen en envase verde “light” : se llaman igual que los productos “enteros”, pero en el camino perdieron calorías. Así, los héroes del bienestar colectivo y la violencia justificada mutaron en héroes del bienestar individual y el pacifismo progre.
El neo Guevara es la expresión más extrema de esta necesidad, porque conserva poco más que la marca, la boina y la foto hipnótica de Alberto Korda. Así pasó de marginal extremista a ícono pop. De la selva a la remerita. Del fusil al símbolo de paz. Con una curiosidad adicional: San Ernesto Guevara no perdió los devotos que lo seguían cuando era otro, simplemente sumó a los nuevos. El marketing logra este tipo de milagros. Y el Alzheimer social hace el resto.
___ One Uf Us ___ •
lookatme5 dijo en 8/02/08 16:23 …
un besoo!
garcias por fiirmar!