Había una época en que me perdía en juegos inventados, en historias recién descubiertas de libros, en que mi cuarto era una auténtica fortaleza y la colcha mi abrigo. Unos días en que todo lo que vendría por delante sería perfecto, y los cumpleaños prometían viajes y pasteles de chocolate, y He-mans y bicis sin cambios. Y yo tenía otras gafas.
Había días en que todo parecía de otra manera, y posiblemente lo era... la infancia nunca se pierde. Como dicen por arriba, recupera esas gafas, o imagina que las sigues llevando puestas...
El bebé es mi hermano! O sea, ahora es un hombre hecho y derecho que sigue los pasos de su hermano: fuma petas, se pone camistas jebis, escucha música demoníaca...
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Dios, recupera esas gafas!!