REFLEXIONES A LA LUZ DE UN MALESTAR CORPORAL
Tras un fin de semana apoteósico, y no en el mejor de los aspectos, con varios días de secuelas de un malestar que no parece tener origen en ninguna parte y cuya gravedad no pasa del dolor y una noche sin dormir, sólo cabe la reflexión de que éste parte de la alimentación.
Pensando que la actitud de mi cuerpo sólo es un aviso, una alerta de que hay algo que no le gusta, me levanté pensando en volver aún más natural mi dieta y di un repaso por los productos que suelo comer. No pude evitar la reflexión de que el primer paso del dominio del sistema capitalista está en algo tan simple como lo que nos llevamos a la boca. Aquellos viejos refranes de “Somos aquello que comemos” o “Por la boca muere el pez”, según se interpreten contienen perlas muy valiosas y actuales a pesar de su posible antigüedad.
Intenté hacer una búsqueda en Internet sobre la crítica al sistema alimentario industrial occidental pero, o no supe usar las palabras claves adecuadas o realmente no existe, tal vez silenciada, no pude dar con nada. Y creo que es digno de estudio por varias razones.
¿Han pensado alguna vez vivir sin productos envasados (estimo que ocupan el 80% de nuestra alimentación y probablemente me quedo corta? ¿Han intentado alguna vez renunciar al azúcar?
Imaginen tan sólo renunciar al azúcar y sus derivados, pero no sólo una persona, sino una comunidad entera, o a nivel de un país, algo imposible, claro, pero práctico a efectos de ilustrar el ejemplo. Para empezar un par de hipermercados irían al traste, pero luego un par de cientos de empresas que no podrían seguir produciendo por falta de consumidores. La industria de la pastelería, bollería, repostería en general, tendrían que cerrar además con despidos masivos. Así como la potente industria de los refrescos. Vamos, que un pilar económico bastante sólido de la sociedad pende de que consumamos como locos azúcares. No hay ni que pensar a escala global. Extrapolen libremente a otros productos.
De ahí esas campañas publicitarias, de las que ni creo que seamos conscientes, de productos tan “necesarios” para nuestras vidas.
Pero siguiendo con nuestro ejemplo del azúcar, sigamos con él, que aún nos da para un rato más. ¿Ya han pensado en su cesta de la compra? Creo que la primera impresión es que nuestra vida alimentaria se vería reducida casi a la inexistencia. La variedad de productos que hallamos en un supermercado, tan llamativamente empaquetados, dispuestos para que entren por nuestra retina principalmente, quedarían fuera de nuestro alcance. Pensaríamos que, sin azúcar, no podríamos comer nada… al menos nada de lo que estamos acostumbrados a comer. Hay azúcar hasta en los lugares más insospechados, búsquenla.
Entre que ya no podemos concebir nuestra vida sin esos productos y que poco más parecemos drogadictos con mono si intentamos dejarlo, y la demoledora fuerza del sistema hace casi imposible intentar vivir sin algo como el azúcar refinada. Es mucho más cómodo y fácil seguir como hasta ahora... y, lamentablemente, más barato.
Lo más curioso de todo es que si pensamos en alimentación, o si lo buscamos en imágenes de Internet, nos aparecen frutas y verduras en una proporción mucho mayor que la de carnes, pescados, y es casi más difícil que por alimentación aparezca la imagen de productos envasados que es en realidad nuestra fuente de ingesta primordial. Nos tienen engañados hasta ese punto, existiendo una fuerte diferencia entre nuestra idea y la realidad, señal clara de nuestra abdicación ante el sistema.
Reflexiones acerca de la alimentación en una sociedad principalmente no productora sino importadora de alimentos como la nuestra y la contrapartida de las sociedades productoras, para otro día. Aún sigo flipando con la “supersopa” de Argentina.
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Felicidades!!!