Diciembre fue un mes lleno de sorpresas, tanto del exterior como internas. Fue un periodo de reflexión, mucha reflexión diría yo. Fue un mes de pérdidas pero también de ganancias. Es difícil poner en palabras todo lo que ocurre en mi cabeza, todas las conclusiones a las que llegué. Pero creo que puedo resumirlas en una sola cosa: me estoy acercando a los treinta y estoy empezando a comprobar la sospecha que he tenido por unos meses; soy una persona adulta que empieza un ciclo nuevo en su vida.
Y lo empiezo en una ciudad que no es la mía pero donde por azares del destino, por decisiones propias que trajeron consecuencias hoy estoy en cuerpo y alma. Mi familia y amigos que he logrado mantener a través de uno o más ciclos de mi vida están en otro continente y cada vez siento menos mío su espacio, ese espacio que una vez fue mío.
Eso no implica que no me adapte en un dos por tres a la vida que alguna vez tuve, manejando un auto para llegar a un lado, yendo a lugares a los que puedo llegar con los ojos cerrados. Ese es el problema. Me adapto y reinserto en las dinámicas locales demasiado fácil, aún sabiendo que ya no son mías y que no estoy tan segura de que algún día puedan serlo nuevamente. Y luego llega la hora de volver a mi actual entorno, y esta vez más que nunca me dolió mucho cruzar el charco porque lo que dejaba atrás estaba modificado fuertemente, con piezas clave ya no presentes. No fue el mismo dolor que hace casi un año cuando volví pataleando y berreando porque no quería volver a la oscuridad, a la soledad y al frío del doctorado londinense. Esta vez fue más que dolor un calambre…me cayeron muchos veintes.
Pero por otro lado regresé contenta de retomar mi vida, aún si es una burbuja. Aunque más bien la burbuja empieza a reventarse porque hay lazos muy reales, muy aterrizados, enraizados que me anclan al puente de un futuro. El asunto: que para cruzar ese puente hay que pensar con dos órganos a la vez: la cabeza y el corazón. Hay palabras, imágenes, escenas que no dejan de repetirse en mi cabeza…creo que más pronto de lo que me imagino tendré que enfrentarme a los hechos. Hoy he tenido un feeling muy raro todo el día, tal vez ha sido la nube gigante o la lluvia, o el haberme tenido que recluir para esperar al plomero y al electricista….y cuando empezaba a caer en el homesickness, zas, que hace presencia mi lazo con la realidad londinense y que me levanta el ánimo…
Entretanto, no puedo negar que extraño un montón México, en especial a mi familia. Pero también tengo que admitir que me dio mucho gusto ver a mis amigos, mis profesores, convivir con mi nueva roommie (muy linda y divertida, por cierto), mirar por mi ventana y poder levantar el teléfono o mandar un mensaje sin tomar en cuenta una diferencia de horarios de 6 horas entre una ciudad y otra.
Foto: En hierve el agua, Oaxaca, enero de 2009
Photo uploaded at 2:19 PM
Hermana!!!! Bienvenida a este lado del charco!! Te entiendo perfectamente, esa sensación, en donde todo sigue igual pero diferente, en donde eres de aqui y de allá pero de ningún sitio. En donde es momento de empezar a pensar y decidir pero tomando en cuanta el sentir. Todo luce tan complicado y tan próximo de tiempo, pero ánimo!
Me ha gustado leer eso de que tomas conciencia de que eres adulta. La verdad te felicito por ello, porque yo aún no me veo así. Y también me ha gustado mucho lo del lazo a tu realidad londinense y todo lo que implica. Ya me lo contarás con detalles.
Y sólo una cosita: aunque haya un canal de la mancha de por medio, habemos algunos cerca que hemos estado, que estamos y que queremos estar. Te quiero!