Cogito ergo sum...
11/20/09
Vuelvo. Aunque nunca sé cuánto duran mis inmersiones, a veces me surge la necesidad de releer mis saltos al vacío. Uno, que no tiene necesidad de sufrir, en ocasiones piensa que sufrir es necesario...
Cogito, ergo sum...
Cogito ergo sum… como hombre, presiento la necesidad de pensar para sentirme parte de algo. Miedo porque ya hace tiempo dejé de sentirme hombre. Tiempo ha que abandoné la delicada tarea de pensar. Me arrojé, como tantas madrugadas rodeado de tinieblas, a la ardua perversión del no pensar. La tentación iguala la ignorancia de vivir en stand by.
Miedo a la soledad. No tanto a la soledad física instantánea como a la hecatombe de sentir que aquella tan sólo es la seña de identidad de un sentimiento mucho más ingrato y cruel por naturaleza. Miedo a sentirme solo. Miedo a que ocurra con gente a mi alrededor. Hace tiempo era el miedo a lo desconocido. Ahora, lastre que arrastra al abismo mi metálica coraza, es el miedo a lo tristemente conocido. Ahora, miedo sin causa…
Porque el miedo es saberte lejos estando a cinco minutos. Pero qué eterna es la vida en cinco minutos, y cuánta razón seguirá llevando siempre Víctor Jara… Miedo es saber que la soledad acabó entonces gracias a ti, aun estando a cientos de kilómetros; y miedo es no saber qué ocurrirá cuando sienta la terrible necesidad de buscarte sabiendo que no quieres que te encuentre. Miedo es, incluso, dudar si existe el deseo de salir en ese rastreo que tiene por objeto tu cálida presencia. Miedo es saber que te marchaste.
Y miedo es, qué duda cabe, no encontrar ese porqué. No hallar una respuesta razonable al fin de una sensación que nunca dejará de sorprenderme. No conocer las verdaderas razones que te llevaron a no escuchar nunca más mis tonterías. No golpearme la frente con la causa que me hizo no tenerte más entre mis brazos. Eso, y mucho más, es miedo.
Miedo es no conocer a la persona que se sienta frente a mí en ese café compartido. Miedo es mirarte a los ojos sin saber qué es lo que piensas. Miedo es mostrar debilidad ante el terror de perderme para siempre. Miedo al miedo.
Al miedo de creerte una ilusión. El sueño de un recuerdo lejano que apenas consigo rememorar en mi memoria. O, peor aún, en mi olvido. Sueños olvidados que ocupan papel mojado por unas lágrimas a las que apenas puedo dar sentido. Y como sum, cogito…
Y como pienso, destripo en mis entrañas pensamientos purpúreos donde tú paseas a mi lado y yo sonrío, estúpido creyente de una religión de a dos donde ningún dios vale más que el del pecado. Desguazo momentos donde tú inventabas excusas para venir y encontrarme. Invento un tiempo a caballo entre el pasado y el presente donde no hay cabida para una cuarta dimensión, y así fantaseo con la esperanza de encontrarte por las noches. Al menos, la evidencia de que eres la plasmé en la ilusión futura de un cuento donde un mar de sueños cubre tu cuerpo con flores que no existen.
Y como sigo pensando, y sum, la complejidad estructural de mi aparato pensador me hace sonreír cuando acabo esta desconexión momentánea de mi power off. El miedo se transforma en satisfacción. Satisfacción por comprender que todo fue, efectivamente, un sueño. Un indicio de que aún conservo el niño que se arroja al precipicio antes de comprobar la altura. Un indicio de que la sinrazón sigue acompañando mis pasos y la insensatez vuelve a tomar las riendas de mi creación espontánea. Ya no hay miedo.
Sólo la duda de si algún día sabré contarte esto. Dudas de poder entender lo que fuiste sin poner en entredicho lo que eres. Dudas….
Sum, luego dudo…
primooo!! pues n no me escapo de ningunaa!!
q tal cm va tdo¿?
es muy bnito tdo lo q escribes..
un bsazoo