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Pero, ¿quién ha estado más dispuesto a realizar la voluntad de Dios que María? «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Por esto, san Agustín dice que María, primero acogió la palabra de Dios en el espíritu por la obediencia, y sólo después la concibió en el seno por la Encarnación.
Con otras palabras: Dios nos ama en la medida de nuestra santidad. María es santísima y, por tanto, es amadísima. Ahora bien, ser santos no es la causa de que Dios nos ame. Al revés, porque Él nos ama, nos hace santos. El primero en amar siempre es el Señor (cf. 1Jn 4,10). María nos lo enseña al decir: «Ha puesto los ojos en la humildad de su esclava» (Lc 1,48). A los ojos de Dios somos pequeños; pero Él quiere engrandecernos, santificarnos.
No podrán contigo
No sé si vas a caer,
sólo sé que el amor es tenaz
y vuelve a salir como el sol.
(León Gieco)
Nadie podrá robar tu esperanza.
Nadie podrá con tus sueños,
ni con tus ilusiones.
Si lo han podido,
es que te han podido,
aunque lo dudo,
tan poderosos no son.
Son incapaces de acceder
al fuego de tu espíritu,
aquel que arde
sin que sepas cómo,
incluso sin que lo percibas.
Ese rincón inviolable,
sigue intacto
y ellos no lo alcanzarán nunca.
Es verdad, te han robado
lo más preciado que tenías
-¿o que tienes?-
y si lo tienes,
es que no te lo han robado…
No quisiera pecar de ingenuo,
pues vas a su cuarto y está vacío,
vas a su silla y está vacía,
todo es hueco,
todo es silencio,
todo es ausencia y vacío.
Hasta ahí estamos de acuerdo,
pero sé que tu corazón no es vacío…
¿Acaso alguien podrá robarte
la memoria de lo compartido?
¿Acaso alguien podrá abatir tus fuerzas?
Aunque la herida no cicatrice,
aunque sigas buscando por todos los rincones
con tal de encontrarlo,
aunque sigas despertándote a mitad de la noche
con la esperanza de que todo
era una terrible pesadilla…
Ese fuego jamás será extinguido,
esa viva presencia, hecha memoria,
que toma la forma de un símbolo,
de un sueño,
de un código secreto,
que queda entre tu ángel y vos,
esa oculta complicidad de sentir su compañía,
extraña y distinta,
hiriente y fugitiva,
pero por momentos
bien cierta y real.
Nadie abatirá tu fuego,
nadie podrá tocar tu alma,
y menos aún derribarla,
no son tan poderosos,
han pagado ya muchas cosas,
no vendas tu alma por chirolas,
no les entregues tu alegría,
no dejes que se salgan con la suya,
no les des el gusto.
Derríbalos con tu paz,
con el poder de tu sonrisa,
con la violencia del brillo de tus ojos,
que es el bien más preciado y más caro,
porque es donde anida la vida y donde fluye
y contagia a otros la fuente de la Vida…
Derríbalos, te decía,
con el revolucionario gesto del perdón,
con el inexplicable y nunca humillante
gesto magnánimo de la otra mejilla.
Con la justicia y la memoria como estandartes,
pero con la victoria ya conseguida,
la de seguir de pie,
la victoria de la paz
y de la memoria viva de tu ángel,
que alimenta leño a leño
el fuego inextinguible de tu espíritu.
Mirando estos 194 rostros
veo con claridad
que mantendrás viva la llama del amor,
no dejes entonces, que se apaguen tus sueños,
no te entierres antes de tiempo,
que no te roben el brillo de tus ojos,
menos aún, la esperanza,
porque ahí sí que te habrán robado todo,
y te habrán sepultado en vida,
y ahí sí habrán podido contigo.
Pero vuelvo a repetirte:
veo en estos rostros de vida,
de juventud siempre eterna
que no podrán contigo,
como no han podido con ellos.
No sé si vas a caer,
sólo sé que el amor es tenaz
y vuelve a salir como el sol.
(Santos Lugares, 16 de julio de 2009
Padre Juani liébana, Santiago del Estero
hola hermosa como va todo por el cielo ? aca muucha shuvia y mas shuvia, ahhi Feliz dia del amigo lau, cuando te fuiste a vivir al cielo dejaste muuuchos amigos aca en la tierra aunque solo estuviste doce años te alcanzo para ser amada por todos los que te conocieron y hasta por los que no te conocimos fisicamente y te conocemos a traves de tu familia ..
bueno hermosa te dejo el beso de las buenas noches a vos y otro a tu mamona.
muuamuua
yus
Hoy celebramos la fiesta de Santa María Magdalena. Suele ser propio de la juventud apasionarse locamente por alguna película llegando a la identificación personal con alguno de los protagonistas. Los cristianos deberíamos ser siempre jóvenes en este sentido ante la vida del mismo Jesús de Nazaret, y sabernos identificar con esta gran mujer de la que habla el Evangelio, María Magdalena. Siguió los caminos de Jesús, escuchó su Palabra. Cristo supo corresponder y le concedió el privilegio histórico de ser la primera a quien le fue comunicado el hecho de la resurrección.
Dice el evangelista que ella al principio lo confundió con un campesino del lugar. Pero cuando el Señor la llamó por su nombre:«María», tal vez por la manera peculiar de decírselo, entonces esta santa mujer no dudó ni un instante: «Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní —que quiere decir: “Maestro”—» (Jn 20,16). Después de su encuentro con Jesús, ella fue la primera que corrió a anunciarlo a los demás discípulos: «Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras» (Jn 20,18).
El cristiano, que en su programa diario de vida cuida el trato con Cristo, en la Eucaristía haciendo un rato de oración contemplativa y cultiva la lectura asidua del Evangelio de Jesús, también tendrá el privilegio de escuchar la llamada personal del Señor. Es el mismo Cristo que nos llama personalmente por nuestro nombre y nos anima a seguir el camino firme de la santidad.
«La oración es conversación y diálogo con Dios: contemplación para los que se distraen, seguridad de las cosas que se esperan, igualdad de condición y de honor con los ángeles, progreso e incremento de los bienes, enmienda de los pecados, remedio de los males, fruto de los bienes presentes, garantía de los bienes futuros» (San Gregorio de Nisa).
Digámosle al Señor: —Jesús, que mi amistad contigo sea tan fuerte y tan profunda que, como María Magdalena, sea capaz de reconocerte en mi vida.
Hoy, recordamos la "alabanza" dirigida por Jesús a quienes se agrupaban junto a Él: «¡dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!» (Mt 10,16). Y nos preguntamos: ¿Van dirigidas también a nosotros estas palabras de Jesús, o son únicamente para quienes lo vieron y escucharon directamente? Parece que los dichosos son ellos, pues tuvieron la suerte de convivir con Jesús, de permanecer física y sensiblemente a su lado. Mientras que nosotros nos contaríamos más bien entre los justos y profetas -¡sin ser justos ni profetas!- que habríamos querido ver y oír.
No olvidemos, sin embargo, que el Señor se refiere a los justos y profetas anteriores a su venida, a su revelación: «Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron» (Mt 13,17). Con Él llega la plenitud de los tiempos, y nosotros estamos en esta plenitud, estamos ya en el tiempo de Cristo, en el tiempo de la salvación. Es verdad que no hemos visto a Jesús con nuestros ojos, pero sí le hemos conocido y le conocemos. Y no hemos escuchado su voz con nuestros oídos, pero sí que hemos escuchado y escuchamos sus palabras. El conocimiento que la fe nos da, aunque no es sensible, es un auténtico conocimiento, nos pone en contacto con la verdad y, por eso, nos da la felicidad y la alegría.
Agradezcamos nuestra fe cristiana, estemos contentos de ella. Intentemos que nuestro trato con Jesús sea cercano y no lejano, tal como le trataban aquellos discípulos que estaban junto a Él, que le vieron y oyeron. No miremos a Jesús yendo del presente al pasado, sino del presente al presente, estemos realmente en su tiempo, un tiempo que no acaba. La oración -hablar con Dios- y la Eucaristía -recibirle- nos aseguran esta proximidad con Él y nos hacen realmente dichosos al mirarlo con ojos y oídos de fe. «Recibe, pues, la imagen de Dios que perdiste por tus malas obras» (San Agustín).
Siete frases para mejorar la comunicación con la familia
1.- Te Amo
Ningún ser humano puede sentirse realmente feliz hasta escuchar que alguien le diga: "te amo". Atrévete a decirlo a la otra persona, a tu cónyuge, a tus padres, a tus hermanos, a tus hijos, si es que nunca lo has hecho, haz la prueba y verás el resultado.
2.- Te Admiro
En la familia, cada miembro tiene alguna cualidad o habilidad que merece reconocimiento: todos, en algún momento, sentimos la necesidad de que se nos reconozca algún logro o meta alcanzada... ¿Cuándo fue la última vez que le dijiste esto a alguien?
3.- ¡Gracias!
Una necesidad básica del ser humano es la de ser apreciado. No hay mejor forma de decir a una persona que es importante lo que hace por nosotros, que expresarle un ¡gracias!, no en forma mecánica, sino con pleno calor humano.
4.- Perdóname, me equivoqué
Decir esto no es tan fácil, sin embargo, cuando cometas un error que ofenda o perjudique a otras personas, aprende a decir con madurez: "perdóname, me equivoqué".
5.- Ayúdame, te necesito
Cuando no podemos o no queremos admitir o expresar nuestra fragilidad o necesidad de otros, estamos en un grave problema. No te reprimas. ¡Pide ayuda! Que también son muy importantes las palabras.
6.- ¡Te escucho...háblame de ti!
¿Cuántas veces le has dicho a algún miembro de tu familia: "A ver, háblame, ¿qué te pasa?". Tal vez muchos problemas y mal entendidos se resolverían si tan sólo escuchásemos lo que nos trat
6.- ¡Te escucho...háblame de ti!
¿Cuántas veces le has dicho a algún miembro de tu familia: "A ver, háblame, ¿qué te pasa?". Tal vez muchos problemas y mal entendidos se resolverían si tan sólo escuchásemos lo que nos tratan de decir.
7.- ¡Eres especial!
Es importante hacerles saber a tus seres queridos cuanto ellos significan para ti.
Hola mi Lauri hermosa!! hoy quiero que les deseemos juntas un muy buen viaje a Fede y Mai y que Jesucito nos alumbre a todos para poder estar mejor !!!Te amo y los amo, ustedes son lo más importante de mi vida!!! y cada uno lo sabe más alla de cualquier discusión!!!
Tu mamona!! y la de cada uno que asi me sienta!!!!
Besos y un abrazo que llegue hasta el cielo y hasta el corazón de todos y cada uno!!!
Hola Laurita hermosaa!
quiero agradecerte primero que todo porque el viaje de mi mama salio bien a pesar de los problemas que hubo al principio.. y ella me llamo y me dijo que te estuvo hablando mucho a vos para que todo salga bien y parece que la escuchaste!, se que siempre lo haces, siempre estas en todo (:
una vez mas digo que me encanta esa foto! y adivine cual de todas sos jaja! es que es imposible no darse cuenta, sos la unica que tiene esa pose distinta!
el otro dia hablando con tu mama sobre el por que del disfraz de frutillita que llevas en una de tus fotos, me conto que a vos te encantaba bailar! y tu abuela yayi te hacia todos los trajes!
Lau ojala este año si pueda ir a la misa de tus 17 años! sabes que siempre por cuestiones de tiempo y distancia no puedo pero veremos este año que pasa..
te quiero muchisimo!
y sabes que siempre estas en mi corazon!
Carla
Hoy contemplamos a Dios como un agricultor bueno y magnánimo, que siembra a manos llenas. No ha sido avaro en la redención del hombre, sino que lo ha gastado todo en su propio Hijo Jesucristo, que como grano enterrado (muerte y sepultura) se ha convertido en vida y resurrección nuestra gracias a su santa Resurrección.
Dios es un agricultor paciente. Los tiempos pertenecen al Padre, porque sólo Él conoce el día y la hora (cf. Mc 13,32) de la siega y la trilla. Dios espera. Y también nosotros debemos esperar sincronizando el reloj de nuestra esperanza con el designio salvador de Dios. Dice Santiago: «Ved como el labrador aguarda el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia las lluvias tempranas y tardías» (St 5,7). Dios espera la cosecha haciéndola crecer con su gracia. Nosotros tampoco podemos dormirnos, sino que debemos colaborar con la gracia de Dios prestando nuestra cooperación, sin poner obstáculos a esta acción transformadora de Dios.
El cultivo de Dios que nace y crece aquí en la tierra es un hecho visible en sus efectos; podemos verlos en los milagros auténticos y en los ejemplos clamorosos de santidad de vida. Son muchos los que, después de haber oído todas las palabras y el ruido de este mundo, sienten hambre y sed de escuchar la Palabra de Dios, auténtica, allí donde está viva y encarnada. Hay miles de personas que viven su pertenencia a Jesucristo y a la Iglesia con el mismo entusiasmo que al principio del Evangelio, ya que la palabra divina «halla la tierra donde germinar y dar fruto» (San Agustín); debemos, pues, levantar nuestra moral y encarar el futuro con una mirada de fe.
El éxito de la cosecha no radica en nuestras estrategias humanas ni en marketing, sino en la iniciativa salvadora de Dios “rico en misericordia” y en la eficacia del Espíritu Santo, que puede transformar nuestras vidas para que demos sabrosos frutos de caridad y de alegría contagiosa.
Hoy, en el fragmento del Evangelio de San Mateo encontramos múltiples enseñanzas. Me limitaré a subrayar una, la que se refiere al absoluto dominio de Dios sobre la historia: tanto la de todos los hombres en su conjunto (la humanidad), como la de todos y cada uno de los grupos humanos (en nuestro caso, por ejemplo, el grupo familiar de los Zebedeos), como la de cada persona individual. Por esto, Jesús les dice claramente: «No sabéis lo que pedís» (Mt 20,22).
Se sentarán a la derecha de Jesucristo aquellos para quienes su Padre lo haya destinado: «Sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre» (Mt 20,23). Así de claro, tal como suena. Precisamente decimos en español: «No se mueve la hoja en el árbol sin la voluntad del Señor». Y así es porque Dios es Dios. Digámoslo también a la inversa: si no fuera así, Dios no sería Dios.
Ante este hecho, que se sobrepone ineludiblemente a todo condicionamiento humano, a los hombres sólo nos queda, en un principio, la aceptación y la adoración (porque Dios se nos ha revelado como el Absoluto); la confianza y el amor mientras caminamos (porque Dios se nos ha revelado, a la vez, como Padre); y al final... al final, lo más grande y definitivo: sentarnos junto a Jesús (a su derecha o a su izquierda, cuestión secundaria en último término).
El enigma de la elección y la predestinación divinas sólo se resuelve, por nuestra parte, con la confianza. Vale más un miligramo de confianza depositada en el corazón de Dios que todo el peso del universo presionando sobre nuestro pobre platillo de la balanza. De hecho, «Santiago vivió poco tiempo, pues ya en un principio le movía un gran ardor: despreció todas las cosas humanas y ascendió a una cima tan inefable que murió inmediatamente» (San Juan Crisóstomo).
Hoy, podemos contemplar cómo se forja en nuestro interior tanto el amor humano como el amor sobrenatural, ya que tenemos un mismo corazón para amar a Dios y a los otros.
Generalmente, el amor va abriéndose paso en el corazón humano cuando se descubre el atractivo del otro: su simpatía, su bondad. Es el caso del «muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces» (Jn 6,9). Da a Jesús todo lo que lleva, los panes y los peces, porque se ha dejado conquistar por el atractivo de Jesús. ¿He descubierto el atractivo del Señor?
A continuación, el enamoramiento, fruto de sentirse correspondido. Dice que «mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos» (Jn 6,2). Jesús les escuchaba, les hacía caso, porque sabía lo que necesitaban.
Jesucristo siente un poderoso atractivo por mí y quiere mi realización humana y sobrenatural. Me ama tal como soy, con mis miserias, porque pido perdón y, con su ayuda, sigo esforzándome.
«Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte Él solo» (Jn 6,15). Les dirá al día siguiente: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado» (Jn 6,26). Escribe san Agustín: «¡Cuántos hay que buscan a Jesús, guiados solamente por intereses temporales! (...) Apenas se busca a Jesús por Jesús».
La plenitud del amor es el amor de donación; cuando se busca el bien del amado, sin esperar nada a cambio, aunque sea al precio del sacrificio personal.
Hoy, yo le puedo decir: «Señor, que nos haces participar del milagro de la Eucaristía: te pedimos que no te escondas, que vivas con nosotros, que te veamos, que te toquemos, que te sintamos, que queramos estar siempre a tu lado, que seas el Rey de nuestras vidas y de nuestros trabajos» (San Josemaría).
Hola mi lauchita hermosa!!!
Gracias porque los chicos regresaron muy bien!! Y todo está mejor !! especialmente mi alma !!
Me gustaría recuperar los guantes que me regaló Fede y me olvidé en la reunión de Cromañón que se hizo en Raíces!!el viernes pasado!!
Hoy, en el día de San Pantaleón, médico, quiero con esta reflexión:
Valora los dones que recibes al cuidar a los más necesitados. Tendrás la oportunidad de ser más tolerante, paciente y compasivo, y asumir la fuerza ilimitada del amor.
Que tu voz interior, sabia y amable, sea la que te guíe cuando cuidas de alguien. No hay forma "perfecta" de hacerlo. La finalidad no es la perfección. Es el amor.
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Hoy, el Evangelio se nos presenta, de entrada, sorprendente: «¿Quién es mi madre» (Mt 12,48), se pregunta Jesús. Parece que el Señor tenga una actitud despectiva hacia María. No es así. Lo que Jesús quiere dejar claro aquí es que ante sus ojos —¡ojos de Dios!— el valor decisivo de la persona no reside en el hecho de la carne y de la sangre, sino en la disposición espiritual de acogida de la voluntad de Dios: «Extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: ‘Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre’» (Mt 12,49-50). En aquel momento, la voluntad de Dios era que Él evangelizara a quienes le estaban escuchando y que éstos le escucharan. Eso pasaba por delante de cualquier otro valor, por entrañable que fuera. Para hacer la voluntad del Padre, Jesucristo había dejado a María y ahora estaba predicando lejos de casa.