Lanceta

Arriaga tenía el ceño fruncido mientras observaba el mar desde el ventanal. La costa presentaba esa leve informidad que le daba la niebla, y los cerros se presentaban entre nubes, ocultando las casas y a sus habitantes. Se pasó la mano por la el mentón, como si quisiera escudriñar en el horizonte difuso el problema que traía entre manos. La voz del forense lo trajo de nuevo a la realidad.
"-Inspector Arriaga, la occisa no presenta signos de lucha, y, como puede observar, ninguna herida visible.
- Veneno o simplemente murió producto de alguna sustancia que consumía - replicó Arriaga - No tiene edad para haber sido víctima de una enfermedad.
- Probablemente - dijo el forense, sonriendo - pero aquí hay un pequeño detalle: un pinchazo en el cuello. Concordará conmigo en que es, al menos extraño, el pinchazo está amoratado, pero es muy pequeño.
- ¿No puede deberse a una circunstancia completamente normal?
- No - dijo el forense, más serio - No tiene las características.
- Un dardo pequeño, o una cosa similar - Arriaga se extrañó de un objeto que aparecía en la vereda, cerca de un corte a pique, con una forma peculiar - Quédese aquí, que voy a buscar algo.

Arriaga volvió trayendo una cosa con una forma muy peculiar, con varias protuberancias que se intercalaban en torno a un eje común, y que terminaba en punta.

"- Raro aspecto, ¿no le parece?
- ¿Qué vendría a ser esto? - preguntó el forense, extrañado - ¿Sugiere usted...?
- ¿A qué hora estima la muerte, doctor?
- A primeras horas de la mañana, se lo diré con más exactitud luego de la autopsia.
- Esto es un signo. Analícenlo, y lo veo más tarde.

On February 11 2008 Edit







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