Romances
8/1/08
1
Niña era la Ifanta,
doña Beatriz se decía,
nieta del buen rey Hernando,
el mejor rey de Castilla,
hija del rey don Manuel
y reina doña María,
reyes de tanta bondad
que tales dos no había.
Niña la casó su padre,
muy hermosa a maravilla,
con el duque de Saboya
que bien le pertenecía,
señor de muchos señores,
más que rey es su valía.
Ya se parte la Ifanta,
la Ifanta se partía
de la muy leal ciudad
que Lixbona se decía;
la riqueza que llevaba
vale toda Alejandría,
sus naves muy alterosas,
sin cuento la artellaría.
Va por el mar de Levante
tal que temblaba Turquía.
Con ella va el Arzobispo,
señor de la cleresía,
van condes y caballeros
de muy notable osadía,
lleva damas muy hermosas
hijasdalgo y de valía.
¡Dios los lleve a salvamiento
como su madre querría!
2
En el mes era de Abril,
de Mayo antes un día,
cuando lirios y rosas
muestran más su alegría,
en la noche más serena
que el cielo hacer podía,
cuando la hermosa infanta
Flérida ya se partía,
en la huerta de su padre
a los árboles decía:
Quedaos adiós, mis flores,
mi gloria que ser solía,
voyme a tierras estranjeras,
pues ventura allá me guía.
Si mi padre me buscare,
que grande bien me quería,
digan que amor me lleva,
que no fue la culpa mía;
tal tema tomó comigo
que me venció su profía.
¡Triste, no sé a dó vo,
ni nadie me lo decía!
Allí habla don Duardos:
No lloréis, mi alegría,
que en los reinos de Inglaterra
más claras agoas había
y más hermosos jardines,
y vuesos, señora mía.
Ternéis trecientas doncellas
de alta genelosía,
de plata son los palacios
para vuesa señoría,
de esmeraldas y jacintos,
de oro fino de Turquía,
con letreros esmaltados
que cuentan la vida mía;
cuentan los vivos dolores
que me distes aquel día
cuando con Primaleón
fuertemente combatía:
señora, vos me matastes,
que yo a él no lo temía.
Sus lágrimas consolaba
Flérida que esto oía.
Fuéronse a las galeras
que don Duardos tenía;
cincoenta eran por cuenta,
todas van en compañía.
Al son de sus dulces remos
la princesa se adormía
en brazos de don Duardos,
que bien le pertenecía.
Sepan cuantos son nacidos
aquesta sentencia mía:
que contra la muerte y amor
nadie no tiene valía.
3
Voces daban prisioneros,
luengo tiempo están llorando,
en triste cárcel escuro
padeciendo y sospirando,
con palabras dolorosas
sus prisiones quebrantando:
?¿Qué es de ti, Virgen y Madre,
que a ti estamos esperando?
Despierta el Señor del mundo,
no estemos más penando.
Oyendo sus voces tristes,
la Virgen estaba orando
cuando vino la embajada
por el Ángel saludando,
?Ave, rosa, gratia plena,
su preñez le anunciando.
?Suelta los encarcelados,
que por ti están sospirando;
por la muerte de tu Hijo
a su Padre están rogando.
Creza el Niño glorioso,
que la Cruz está esperando.
Su muerte será cuchillo,
tu ánima traspasando.
Sufre su muerte, Señora,
nuestra vida deseando.
4
Dios del cielo, rey del mundo,
por siempre seas loado,
que mostraste tus grandezas
en todo cuanto has criado.
Heciste reinos distintos,
cada uno en su grado;
dísteles muy justos reyes,
cada rey en su reinado,
también diste a Portugal,
de moros siendo ocupado,
el rey don Alonso Enríquez,
que se le hubo ganado.
Este sancto caballero,
del tu poder ayudado,
venció cinco reyes moros
juntos en campo aplazado;
tus cinco llagas le diste
en pago de su cuidado,
que las dejase por armas
a su reino señalado.
¡Recuérdate, Portugal,
cuánto Dios te tiene honrado!;
diote las tierras del Sol
por comercio a tu mandado;
los jardines de la tierra
tienes bien señoreado;
los pumares de oriente
te dan su fructu preciado;
sus paraísos terrenales
cerraste con tu candado.
¡Loa al que te dio la llave
de lo mejor que ha criado!
Todas las islas innotas
a ti solo ha revelado.
De quince reyes que has tenido
ninguno te ha desmedrado,
mas de mejor en mejor
te tienen acrecentado;
todas tus reinas pasadas
sanctamente han acabado.
Si a Dios diste loores
por cuantos bienes te ha dado,
dale gracias nuevamente,
pues de nuevo te ha mirado.
Diote el rey don Juan
tercero deste ditado,
y de su reina preciosa,
porque seas más liado,
dos hijas primeramente,
todo por Dios ordenado;
como quien sabe lo bueno,
ansí te lo ha guisado.
Bien sabes, reino dichoso,
las infantas que te ha dado,
unas para emperatrices,
otras reinas que has criado,
los más reyes de la cristiandad
de su progenie han manado,
y otrosí emperadores
procede de su costado.
Tú príncipe natural
Dios te le tiene guardado,
y nacerá en tus manos
a su tiempo limitado.
¡Cantad esto, mis serenas,
y sea muy bien cantado!
Gil Vicente (Lisboa (Portugal), 1465 - 1536)
** Imagen: Gil Vicente, tal como se acostumbra representar **