Reclamos venéreos
Los pibes del barrio La Loma juran que todos los viernes nublados una jovencita despojada de todos los tabúes referentes al amor como acción copulativa se pasea por el barrio Laferrerense. Afirman que el hombre que la besa más de cientodiecisiete veces en menos de un minuto consigue el amor eterno de cualquier mujer deseada. Al contrario quien se anima al reto y fracasa corre la suerte contraria. Los más valientes esperan los viernes oscuros con la esperanza de cruzarla en su celo bestial. El resto prefiere la noche estrellada para poder salir de ronda con sus amigotes de similar nula actividad venerea.
Ignacio Miqueleiz, el embellecedor de historias de Ramostone, jura haberse entreverado con la voraz mujer y conseguido el amor eterno. El cual cambio por calimocho la noche siguiente. Diego de La Paternal nunca vivió en el barrio de la muchacha pero tiene amigos allí. Por miedo a conocer el amor para toda la vida nunca pasa la Gral. Paz los días viernes.
El último rastro de la mujer furibunda lo dió Leonardo Urquiza, de los colectiveros apasionados en su libro "Diario del bondi del hastío". Allí cuenta haberla subido a su humeante omnibus perseguida por un grupo de desbocados reclamandole favores venéreos por puro capricho y sin devoción alguna.
Hoy es prostituta en Belgrano y conseguir el amor eterno vale exactamente setenta y cinco pesos.
On May 21 2010
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