12/12/08
UNO DE ESTRELLAS
Como en casi todas las fábulas, todo se limita a lo que uno recuerde una vez todo hubo de haber sido concluido. Que los zorros son listos, que las tortugas en su lentitud no esconden más que una impresionante inteligencia y que la jirafa, por más largo tenga el cuello, no deja de apoyar los pies en el piso al cada paso dar.
Una vez cuando yo era muy chiquito (y el resto del mundo era abrumadoramente enorme) miré al cielo y conté cuántas estrellas pude contar…no sabía contar pasando los 12 (tre….che…..Mariano, es trece, trece!), pensaba que las estrellas eran ojos que solo a cuidarme se dedicaban y, menos importante aún, no conocía las bondades que supone destrozar cuanta bondad se me presente. Cada uno de esos resplandecientes ojos que allí estaban cuidándome (y que sin dudas eran más de 12…pero sería como pedirle a un niño pedirle que repita una charla que escuchó cuando aún no sabía hablar) me enseñaron varias ideas que durante toda la vida me persiguieron (en el peor sentido posible, que vendría a ser algo así como perseguirme sin tener como fin último mantener relaciones sexuales conmigo): eso que tan hermoso y misterioso frente a mí se presentaba era ni más ni menos una parte de la verdad que el déspota de las estrellas esa noche atrevía a desnudar. Era un capricho, un suspiro…mirar por la rendija mientras mi enamorada se cambia. ¿? Imposible era pretender cada noche encontrar el mismo espectáculo (más que nada siendo yo tan promiscuo ¿?) al hacia arriba mío mirar…imposible era algún día pretender abrazar las estrellas….imposible, entonces, no empezar a creer y respetar largamente los imposibles. El niño afortunado, por definición, tiende a no creer en los imposibles. Difícilmente pueda entender como es que todo lo que ve no puede ser suyo, difícilmente entienda como es que creamos un sistema tan perfecto para reducir nuestra existencia a su mínima y necesaria expresión….difícilmente entienda que, en el lenguaje adulto, la ingenuidad e inocencia son malas palabras.
Malas palabras son el mal aliento y las sandalias….el resto es todo un chiste.
Hola!
Hacía mucho que no te veía,
qué lindo que estás!