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DEMAGOGIA

El término demagogia ha tenido y tiene diversos sentidos. En la antigua Grecia llegó a tener incluso una connotación positiva, lo que generalmente no ocurre hoy. Así, el demagogo era aquél que tenía grandes habilidades para tratar muchedumbres, así como presencia física y elocuencia en la oratoria. En este sentido, frecuentemente se presenta a Pericles como el prototipo del demagogo. También se decía de aquellos políticos que tenían como programa básico de acción el mejoramiento del nivel de vida de las masas. Su sinceridad no era puesta en duda necesariamente. Sin embargo, en esa misma época apareció la connotación peyoratoria del concepto, tal como lo conocemos ahora, de tal forma que Tucídides llamaba al régimen de Pericles "la democracia de la laringe", y Demóstenes señalaba que "los oradores no hacen sino hablar como el público quiere que hablen". Es bien conocido, asimismo, el sentido que tiene para Aristóteles este término, es decir el gobierno apoyado en las multitudes pero ejercido en favor de intereses particulares, y Aristófanes, en su obra Los Caballeros, conceptúa a la demagogia como el engaño al pueblo por parte de sus gobernantes.

En la actualidad, el término ha cobrado diversas acepciones. Entre las principales, y más comunmente aceptadas, están:

a) La dominación tiránica sobre el pueblo.

b) El uso, por parte de los gobiernos, de medios que contradicen a fines identificados con el interés general.

c) El esfuerzo de los líderes por concentrar el poder en su manos dentro de organizaciones democráticas, apelando el apoyo de las bases.

d) La excitación de las ba as pasiones de las masas populares, para alcanzar un fin político determinado.

e) La actitud de quienes, para conquistar el favor popular, hacen promesas que saben falsa o inalcanzables, y simulan estar de acuerdo con los valores y opiniones en boga.

Las dos primeras acepciones han sido utilizadas frecuentemente para calificar a los regímenes dictatoriales y totalitarios, incluyendo a los de signo comunista, principalmente por parte de los defensores de las democracias occidentales.

El tercer significado es aplicable a líderes y dirigentes de todo tipo de organizaciones sociales, partidos políticos, sindicatos, confederaciones, etc., que pasan por alto la formabilidad democrática de estos cuerpos para escapar en lo posible a su control, y concentrar en sus manos mayor poder de decisión.

La cuarta acepción suele usarse para caracterizar a líderes de corte nazi-fascista y otros similares.

Es la última acepción la que probablemente se identifique más en México con la palabra demagogia, aunque es obvio que el segundo sentido aquí señalado también se puede aplicar a la realidad mexicana. En todo caso, la actitud demagógica está asociada a la idea de falta de sinceridad, fingimiento, ocultamiento y cinismo en lo que se refiere a la práctica política, y que se refleja en el discurso público. Así, una declaración determinada por parte de un líder podría o no ser demagógica, dependiendo fundamentalmente de la sinceridad e intenciones reales del mismo.

Sin embargo, dada la complejidad de la mente humana, es muy díficil encasillar a los políticos en dos categorías puras: el que busca su propio interés a costa de todo, y el que se entrega de manera total al servicio público. Estas categorías, cuando mucho, pueden considerarse como los polos de una amplia gama de puntos intermedios en la cual se podrían ubicar los políticos reales. El prototipo del primer polo podría muy bien ser Cesar Borgia, en quien Maquiavelo se inspiró para dibujar a su príncipe, y el segundo puede estar perfectamente representado por un líder de la talla de Gandhi. Pero estos son personajes más o menos atípicos. Además, había que señalar la dificultad para detectar con claridad las intenciones y propósitos de gran parte de los políticos, pues ellos mismos elaboran complicadas argumentaciones para convencerse de que, aunque persigan una meta personal, no son ajenos a los problemas de su comunidad.

Es posible entonces concebir a un político que tiene claras intenciones de obtener poder, prestigio y riqueza a través de su actividad, pero que al mismo tiempo se tiene por un benefactor social, o un comprometido revolucionario popular.

Así pues, no siempre es posible dilucidar con precisión la sinceridad de un gobernante. Evidentemente, el criterio inevitable parajuzgar la actuación política de éste es el de sus resultados concretos. Tal como apunta Maquiavelo: "De las intenciones de los hombres, y más aún de los príncipes, como no pueden someterse a la apreciación de tribunales, hay que juzgar por sus resultados.

Texto sobre el concepto "demagogia" extraído de http://biblioteca.itam.mx/estudios/estudio/letras15/texto3/sec_3.html




On August 13 2009 45 Views



Avatar mondomorbo08

Mondomorbo08 On 13/08/2009

Muy aceptado el posteo para los tiempo que corren.


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Kick_out_thejams On 13/08/2009

Por si quedan dudas, el autor de la imagen que refleja mejor que nada el concepto de la demagogia es Joaquin Salvador Lavado o QUINO, el creador de la mejor historieta argentina, o sea "Mafalda".





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