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Chapter II
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Chapter II

6/9/09
Violeta Indigo

Interludio atemporal

El cielo rugió una vez más, las pocas personas todavía a la intemperie corrían a refugiarse bajo techo.

Pero ella no...

Estaba sentada en una loma, el punto más alto de la aldea probablemente, y las gotas de lluvia caían con fiereza sobre todo su cuerpo.
Era una mujer joven y bella, sus rojizo cabello (ahora empapado) hacía rato había sobrepasado su cintura en largo. Y sus ojos eran grises plata como aquella tormenta.

Nunca había temido a las tempestades climáticas, Bernadette sentía paz al escuchar el sonido de la lluvia y se excitaba ferozmente en una tormenta fuerte como la que ahora la abrazaba.

Pero esta vez, sus ojos no eran los mismos que habían disfrutado de vendavales similares. No.
Esta vez su excitación era casi como una lujuria enfermiza. Como si con sus mismos ojos contemplara algo vedado para el hombre, algo que la condenaría si llegaba a ser descubierta.
Era una locura que provenía de otra fuente. Y ahora era la única en el mundo que podía disfrutarla.

Bernadette miró a su alrededor, tal vez buscando que ya no hubiera nadie para verla; muchas otras veces había querido hacer lo que estaba por hacer, y muchas otras veces había buscado la oportunidad de meterse en una situación que significara peligro para otros con el fin de que la dejaran sola. Pero siempre había algún osado que se arriesgaba y la salvaba llevándola a un refugio cercano, osado que también aspiraba a su corazón y algo más... Pero cuando esto sucedía, Bernadette escupía en el rostro a su salvador y echaba a correr hacia su casa. Con el tiempo, la tildaron de loca. Sus padres habían muerto por la peste, así que a nadie tenía para velar por ella. La última vez que fue “salvada” de una tormenta. Fue llevada por el supuesto héroe a su refugio, éste invitó a unos amigos y cada uno te ellos tuvo su oportunidad para poseerla. Luego de esto, Bernadette no renunció a sus tormentas, cada vez las buscaba más lejos y decidió salir armada. Por las dudas, “Una nunca sabe” se repetía a si misma. Así fue como llegó a estar ahí sentada en esa loma, esperado el fruto de su vientre de aquella noche, fruto que ni padre tenía.

Bernadette miró el cielo, estaba anocheciendo, después de cerciorarse que nadie en toda la aldea anduviera por las calles, sacó de entre sus ropas un objeto que apenas brillaba a la luz de los relámpagos. Lo miró como si fuera algo sagrado. La lluvia caía torrencialmente y apenas se podía ver a más allá de tres pasos. Bernadette levantó el objeto ante sus ojos. Era un collar...

Estaba, al parecer confeccionado de un material similar al marfil, pero por la suciedad y el desgaste producido por los años no podía asegurar que lo fuera. Lo observó con detenimiento. Entonces recordó las últimas palabras de su madre...

“Ahora debes cuidarte sola Ber... por eso es que ahora te daré mi herencia... es lo único que tengo, pero no subestimes su poder, ya que... es el legado de esta familia, legado que ha pasado de generación en generación de shamanes y así seguirá...”

Bernadette se sobresaltó... Sabía que los shamanes estaban condenados en su tierra, y era muy pequeña todavía, su madre jamás había utilizado su poder, por ende... acababa de enterarse de lo que ella misma era... Unas tímidas lágrimas brotaron de sus ojitos.

“No temas” dijo su madre “tomalo y no temas... si tienes suerte como yo la tuve, jamás tendrás que despertar el poder del collar...”


Bernadette no recordaba que su madre dijera nada más, pero instintivamente sabía que debía hacer para activar su poder. Sabía que sería condenada, que debería irse.
Pero no podía hacer otra cosa para proteger a su pequeña Noma que todavía no nacería hasta unos meses después...

Guestbook Comments (1)

Fe de "ratas" :P

donde dice "y cada uno te ellos tuvo su oportunidad para poseerla"

debió decir "y cada uno DE ellos tuvo su oportunidad para poseerla"

gracias Nina.
yo estaba dormida anoche cuando lo escribí...

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