Tengo cenizas bajo las cornisas de mis dedos. Estuve rascando otro rastro tuyo. Esta vez de tu cigarro, esta vez en el pequeño sofá que a duras penas alberga mi espalda temblorosa. Un espasmo amnésico, una sensación de escalofrío crónico.
¿Sucediste?
Se enganchan a mi ropa y mi piel, los regueros invisibles y pegajosos que dejaron tus pies, los que hacen la habitación tan minúscula.
Tú no cabes.
Claro que nunca quisiste pensar en estar más tiempo del estipulado.
Bah, falsas idolatrías.
Cenizas en mis gestos. Cenizas en el tiempo.
La visión de las mismas me posee, lío torpemente (los temblores no dan su cuerpo a torcer) un pitillo de tus pestañas. Y fumo.
Tu nombre irrita mi garganta.
Humo(r) adherido como un abyecto virus a los residuos flotantes a mi alrededor.
Rodeado me tambaleo.
Te consumes en mi lengua, nadas a perrito en mi saliva. Y escupo y escupo.
Y escupo.
Vertiginoso, el techo se me desploma enfurecido.
Como puede ser tan veloz algo que se siente
a
cámara
lenta.
Reminiscencias de un olvido, de un sabor mugriento, impregnan mi boca. Manantial seco y cuarteado.
Menudo desertor.
Cenizas en mi aliento.
Está jodidamente delicioso.
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Boris Vian - Le deserteur
http://www.youtube.com/watch?v=gjndTXyk3mwAh, y quinta parada
Que buena canción para fumarse un pitillo y dejar volar la mente en busca de los únicos recuerdos que son capaces de llamar e invitar a dormir un par de días a la nostalgia.
Pero mientras sepas que solo son dos días es sano.
Hoy te considero más humano.