close

Member Login

Please log in to cast your vote for karlof.

Forgot your password?
 
close
You will be charged 0 for this gift when you post your comment.
This gift will be added to your comment for free!
 

karloff's Arte

Friends/Favorites

Groups

karlof hasn't added any groups to their Friends/Favorites list yet. Explore groups here!

Links

Hay olores que no deberías recordar.
Permalink | Share: Email Facebook Other

Hay olores que no deberías recordar.

6/11/09
Hay olores que no deberías recordar.
La habitación era absolutamente naranja, con contornos negros que la delineaban. No… no era una habitación era una mujer. Contorno naranja de existencia, no. Relleno, no me gusta la palabra relleno, Contenido es mejor. Contenido de fluidez, de verdad, de esencia a mujer. Y contorno negro de dominación, de rigidez, de poder. Nunca nadie supo pisar así sus testículos. Bailaba sobre las llamas, y moría en las cenizas, mientras el viento invitaba a otra danza ancestral.
Cuatro copas, un vino, las luces que reforzaban los naranjas, las sombras que reforzaban el único negro. Un hombre que disfrutaba la dulzura de la conquista. Una mujer, que se desenfocaba a los ojos de él. Las cosas eran cosas hasta verla, la veía hacer lo que hacía, y los espectros se difuminaban en el pecho. Jugaba, eso hacía, no ella sino él. Jugaba con lo poco que quedaba de vino en su mugrienta copa, giraba la copa, dejaba caer una gota en la mesa, tocaba la gota con el dedo, y ella estaba consciente de que él la miraba.
No se contentaban con poco, por eso no eran felices. La época del frío había pasado, las hojas caen para ser quemadas. Miraban los relojes, que lastimaban los contenidos, los ojos de ella masticaban hacia dentro. El rostro femenino de ella, era deglutido por sus ojos. Sí, sin lugar a duda ella se estaba comiendo la cabeza a sí misma con los ojos. Pero en realidad, no hacía eso.
En realidad ella estaba alimentando a sus ojos, vió cómo la aparente dureza de los pómulos comenzaba a ceder, cómo cada pelo de las pestañas entraba en las bocas simétricas, ventanales oscuros de cruda carne naranja, naranja que encarnecía, y el hambre del negro surgía del viento.
-Por qué te comés la cara con los ojos?
-me silbás?

Y él le silbaba, como un clarinete, le silbaba que se comiera su cara, que sus labios sangraran por los afilados dientes de las pupilas. Y le silbaba dentro, no por fuera, le silbaba desde adentro de la cabeza. Sí, se podía oír saliendo de sus bocas los silbidos de la boca de él. Y los vinos temblaron, una copa se rompió. Y ella rió, cuando rió la deglución se apuró y el pelo de su agradable cabeza empezaba a entrar como spaghetti en sus orificos bucohoculares. Ya no tenía frente cuando él dejó de silbar.
-Por qué te comés la cabeza con los ojós?
-me aplaudís?
-No le encuentro sentido, debería bailar, no aplaudir
-Pues haz las dos cosas, y rápido que quiero morderme los labios cuando los mire
Miraba la carne y de pronto el naranja explotó. Sus pómulos, su frente, su nariz, su pelo explotó dentro de sus ojos y comenzó a brotar de su cara. Los naranjas gritaban libertad mientras emergían de los orificios bucohoculares, florecía un asqueroso olor, hediondo como la mierda. Con el lujo de usar dos palabras tan contrastantes, era tan buena frase, que la tuvo que decir
-Hediondo como la mierda
Pero ella no pudo hablar, porque le explosionaba la cara. Y vomitaba ya su tráquea cuándo él ya estaba decidido a hacerle el amor. La tomó de su germinado brazo, la arrastró por el suelo, reventándole algunas llagas que tenía sobre el cuello, y comenzó a frotarla, y a cada frote el naranja recobraba con más fuerza su autonomía y enaltecía el espacio fluyendo a borbotones. Un beso al hombro y otro al intestino delgado que comenzaba a salir por los orificios de los senos. Ella gritaba palabras, pero las palabras para ser entendidas tienen que tener contorno, necesitan del negro, que escribe éstas palabras. Y no lo tenían, entonces él habló por ella.
-Tocame la entrepierna.
Y el la tocó, y cuando lo hizo la mujer comenzó a abrirse al medio. Se desgarraba como un pañuelo de papel y surgió de ella un niño. Un hermoso niño naranja, un hermoso cuadrado naranja sin límites. Ella como madre, comenzó a agigantarse y el niño no lloraba sino que vibraba, latía. Ella como madre comenzó a crecer, brotada, germinada, florecida, pero siempre con sus ojos casi muertos. Comenzaba a llegar a las paredes con su cuerpo, que ya no tenía forma de cuerpo.
Él, que poseía al niño cuadrado naranja, lo tomó en brazos y le latió la columna vertebral. Tocarlo era sentir que la columna sacudía como un tambor, lo que nunca se sacudió, el cuerpo de la madre ya ocupaba todo el piso de la habitación y continuaba creciendo, el hombre tomó al niño naranja y poco a poco comenzó a colocárselo en la boca, y empezó a bailar, y era tan… un baile sacrificio parecía ser, a cado paso de baile el niño lloraba más, pero llanto informe, que era devorado por el baile y la madre que crecía. Madre insolente que comenzaba a ahogar los movimientos del baile. Y él tomó al niño por su última parte, aunque en realidad el niño no tenía parte, y en un movimiento en el cual sacudió mas que nucna su espalda. Sacudio su personalidad, digo, su persona y frotó contra los dientes la tierna suavidad del naranja.

(continúa en el primer mensaje)

Guestbook Comments (2)

-Mis dientes son tu forma.Y la madre que crecía quiso decir algo, pero la muy estúpida ya ocupaba más que las rodillas de él, no se podía mover casi su baile porque estaba rodeado por la espesa madre, madre sin hijo, madre de hijo naranja devorado por la forma diente. Y los dientes que recibían al naranja, sin conocer a los ojos de la madre. Y la madre que sin conocerse la cara tenía un hijo, y los hijos que no querían llorar, y los naranjas y los negros. Las palabras que se ahogan porque la madre ocupa la garganta. Garganta devorada, acuchillada, los orificios del espacio cubiertos de espesa y constante carne humana. Carne naranja, pero siempre sensual. Y él, que siempre jugaba, ésta vez sólo juraba.
Cerró sus ojos, y su dentadura empezó a sobresalir de su boca. Podría decir que su cara era un auténtico jaguar, pero no. No lo era, sería mentira, y por qué mentir? Los ojos, los hijos, la carne, los dientes, las formas, y los secretos, los hombres, y los relojes, las pelambres, los vinos, las copas y los juegos. Todo, fue ahogado por la gran carne de una mujer que con los ojos se comía la cara.

Monólogos Para Suspirar Bajito de Paz Berti
(Locos, pero no boludos)

este Sabado

23hs

La Salita Cultural

(Hipolito Yrigoyen 1860)

entrada gral. $20

To leave a comment, please log in by clicking one of the following


or join Fotolog now - it's free!
Connect
(for comments only) or join Fotolog now - it's free!