Necesitaba hablar con alguien porque el peso de aquella oscuridad le estaba matando lenta y dolorosamente. Si pudiese, Allen borraría aquellos recuerdos de su mente. Porque lo que había visto le pesaba en el corazón.
A Allen se le había grabado a fuego la mirada oscura de Kanda y las lágrimas que luchaban por no salir de sus ojos azules y profundos. Allen recordaba la voz monótona de aquel hombre cronometrando los segundos que tardarían los niños en volver a levantarse, al igual que el ruido de los cuerpos inertes cayendo al suelo martilleaba su cabeza. El recuerdo del olor a suciedad y muerte inundaba sus pulmones. Allen recordaba también los miembros desperdigados y la sangre recorrer todo el suelo. Allen recordaba todo eso.
Y dolía.
El simple hecho de verlo producía el dolor más inimaginable que hubiese sentido. Y él necesitaba compartir ese dolor con alguien, pero no podía. Kanda tenía sus razones para callarle. Por mucho que le estuviese asfixiando, debía callar.
Y dolía.
El silencio dolía.
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Por fin! Perdona por el retraso. Creo que ya te comenté que me gustó mucho, sobretodo el final.
Quiero reencontrarme con kanda y con allem, que aun se me ponen los pelos de punta cuando recuerdo a la muñeca. ^^
Viva el apocalipsis calamar!!