Hola amigos.
Todo ser vivo precisa de alimento para seguir adelante en este hediondo chusco dado en llamar Planeta Tierra.
Es esta una obviedad que, demasiado a menudo, pasamos por alto. No se explica de otra manera que se frivolice de tal forma con la comida. Porque, no nos llevemos a engano, desde el primitivo pan cocido en hornos paleolíticos hasta las bizarras viandas que hallamos en estos, nuestros tristes días, ha llovido un mundo.
Ahora ya no se trata de comer bien sino de comer raro. Y para muesta un botón:
EL ALGODÓN DE AZÚCAR
Por fortuna, el demencial y mefítico mejunje sólo se manifiesta en las no menos demenciales ferias de barrio. Sólo en ese pandemónium de patitos de goma, escopetas de balines y heroína puede cobrar sentido el algodoncito de marras.
No se esfuercen en buscarlo, él vendrá a ustedes. Cuando menos se lo esperen surgirá de las tinieblas, protegido por sus fieles escuderos los nobles altramuces y las bravidas porciones de coco. Sí amigos, la Bestia ha elegido unos volubles y coloridos ropajes para personarse en el mundo de los vivos. Nadie escapará de sus garras (empezando por nuestras sufridas barbillas que se verán invariablemente impregnadas de tan extraño ágape que escapa a las más elementales leyes de la física al no ser ni sólido, ni líquido ni gaseoso)
Hay que tenerlos muy buen puestos para comprarse uno de esos palitroques rosas. El atractivo color del invento obra un efecto mesmérico en el consumidor que se deja imbuir por los cantos de sirena del grasiento feriente para caer en las fauces del maléfico.Sólo así puede explicarse que alguien en su sano juicio pueda acabar con tal cabronada entre manos.
El estropajoso e hiperedulcorado ente es más difícil de comer que un shawarma y tras cuatro mordiscos aquello empieza a aburrir más que un partido de hockey hierba. Es entonces cuando le encalomas el asunto al hermano pequeño y este (con el ceño fruncido) lo tira a la puta basura.
Otro aspecto que me intriga sobremanera es el artilugio que los crea. Extraño híbrido entre un acelerador de partículas y una hormigonera, donde el avezado feriente introduce el palo, empieza a darle vueltas y la satánica invocación obra el milagro, dando como resultado que el Innombrable se arrape al bastón como a un clavo ardiendo.
¿Alguno de ustedes ha podido con un algodón de azúcar enterito? Sorpréndanme.
Y recuerden:
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On October 07 2006
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