Hidragirio
11/5/09
Esta mañana uno de los ventiladores del ordenador ha empezado a hacer ruido, así que me he puesto a limpiarlo. En el proceso una pieza se ha soltado y me he puesto a buscar el pegamento. El problema es que en mi casa existe la manía de acumular un montón de cosas, y acumularlas mal. Así que tras una hora de buscarlo antes de encontrarlo, me dije que hasta las narices, que si no era yo, nadie se iba a poner a tirar los mil trastos sobrantes (tenemos un poner, dos abridores de nueces, y en esta casa no es que entren las nueces sin pelar en abundancia, aunque eso palidece ante la veintena de corchos de botella que mi madre guarda sin motivo alguno distribuidos entre varios cajones).
Siguiendo con lo principal, limpiaba una cesta de contenido popurriguesco y al despojarla de todo contenido vi que en el fondo había unas pelotitas de aspecto metálico. Al tocarlas vi que se deshacían pero tenían aún forma de pelotitas. Así que asocié algo metálico y líquido con el termómetro roto que había en la cesta y me horroricé. Sobre todo porque en la cesta también se guardan cosas como sobrecitos de azúcar y medicinas.
La parte positiva es que ahora tengo una bolita de Mercurio tela de mona.
Bilisario extra: Hoy he recordado qué es lo que no me gusta de los juegos online. He entrado en uno de lucha, siendo yo novato en una sala que supuestamente era para novatos. Pues resulta que, salvo por mí, todos eran expertos jugadores haciéndose pasar por novatos para poder dar palizas fácilmente. Un absurdo, porque al final todos resultaban ser expertos y estaban igualados. Uno pensaría que el objetivo de los juegos es divertirse, pero no, es creerse un triunfador.
A Jorge y a mí se nos rompió un termómetro en el suelo, justo por la época en que Emo vivía aquí. Quizá contribuyó a su tontez... No, era tonto de nacimiento.