Cojímar - ¡Adiós, Amigos!
11/17/08
Este es el último post de este fotolog. Sí, ya sé que en el momento en que publico un post, éste siempre es el último, pero me refiero a que este es el último último, o sea, que ya no va a ver nunca ninguno posterior a este en el futuro. Y es que, amigos, por increíble que parezca, mes tras mes, foto tras foto, texto tras texto, he acabado repasando prácticamente todos los episodios reseñables del viaje (perdón por aquellos que me haya podido dejar, tal vez por haberse evaporado de mi memoria después de tantos meses que han transcurrido). Algunos han sido hilarantes, otros carentes del más mínimo interés, otros meros posts de relleno... Lo cual, en cierto modo, refleja bastante bien el irregular devenir de un viaje como el nuestro, totalmente a salto de mata y sin ningún tipo de planificación que garantizara nada. Pero quizás por ello, todo fue mucho más divertido. Tal vez sin esa presencia constante del caos absoluto nunca habríamos pisado lugares remotos como los que vimos, ni habríamos conocido a estupendas personas como las que allí nos acogieron.
Si algo se saca en claro de toda esta sucesión de posts, debería de ser el hecho de que al final no se conoce una cultura lejana simplemente contratando un viaje pre-organizado en una agencia de viajes. Los pueblos no son parques temáticos diseñados para ser admirados y disfrutados por los visitantes previo pago. Son lugares con historia, con sus costumbres, su forma de vida cotidiana. Y sólo metiéndote en ellos a saco con dos cojones puedes llegar a percibir algún retazo de cómo funcionan allí las cosas. Sólo internándote en la vorágine de cabeza, sin protección, llegas a necesitar cubrir necesidades básicas que creías que tenías dominadas. Así se conocen las formas de vida de pueblos tan diferentes al del viajero implicado. La gran mayoría de las personas que conozcan que hayan viajado a Cuba les hablarán probablemente de playas de fina arena, de mojitos, discotecas y chiringuitos, de cómo en las marisquerías te tardan dos horas en servir, de cuánto cuesta una botella de ron o de algún que otro paseo por el Malecón. Difícilmente se llega a entender cómo viven las familias cubanas, o cómo funciona su economía, o cómo se circula por sus carreteras comarcales. Para conocer las cosas, no hay más remedio que saltar a la arena, en vez de ver los toros desde la barrera, que es lo que hace el turista corriente: ver los lugares y a sus gentes desde la ventanilla del autobús, desde la habitación del hotel, desde el folleto del avión.
Espero que todo este relato atropellado y fragmentado sirva simplemente para poder conocer un poco al pueblo cubano desde el punto de vista de un extranjero indocumentado que llega allí como pez fuera del agua. Buceando en su hemeroteca, picando de aquí y de allá, mediante anécdotas sueltas, reflexiones improvisadas, recuerdos aparentemente banales... quizás el lector pueda hacerse una idea de cómo funcionan las cosas e interpretar, con un mínimo de lucidez, aquello que permanece oculto en las versiones oficiales divulgadas por las promociones de los resorts y los medios de comunicación en general.
Por lo demás, ahí queda esto, como testimonio de lo vivido y lo sufrido. Tal vez algún día, algún documentalista ocioso del año 2388 lo encuentre y descubra cómo era la cultura cubana allá por principios del milenio. Hasta que eso ocurra, quede lo posteado aquí plantado, y como dirían los Ramones... ¡Adios, Amigos!
oooooh! :-(