7/10/09
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Intento caminar. Tomar un poco de aire, ver posibilidades nuevas. Tener otros incentivos, olvidarme de algunos errores. Intento huir para construir algo nuevo lejos de acá. Busco alguien con quien hablar, alguien que me de motivos para quedarme, que me convenza de que donde estoy puedo ser feliz. Pero no hay nadie. No encuentro a nadie. A nadie le importa, nadie desea escuchar. Nadie esta hoy para detenerme, nadie me quiere tanto. Intento encontrar nuevos caminos, que acaben en emoción, que contengan amor. Pero no los hay. Pienso en que es lo que siento. Me siento sola. El pánico me recorre entonces. ‘No otra vez, por favor, no otra vez’. No quiero tropezar otra vez, no quiero odiar, no quiero envidia. No quiero quedarme así, no quiero morirme otra vez. Camino en círculos. Comienzo a desesperarme, a correr buscando un halo de luz, algo que me indique que puedo salir. Busco alguien que me tome de la mano y me prometa que no se esta repitiendo, que no lo hará. No hay nadie, no aparece nada. Comienzo a cansarme. Grito, quiero que me escuchen. ‘No quiero morirme, no me dejen ir’. Pero no tardo mucho tiempo en hallar la respuesta. En abrir los ojos, y darme cuenta que todos los caminos no me conducirían más que al mismo final. ¿Qué escapatoria? ‘No la hay, S. No la hay. Nadie vendrá. Este es TÚ paraíso. Este TÚ infierno.’
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