Foto de hace un tiempo..
12/18/09
Estar con alguien es una elección, es algo que elegimos para creer que estamos bien, para sentir que estamos en compañía, compartiendo momentos y cosas con la persona que queremos.
Es fácil no tener que elegir, y hacer de nuestras vidas una rutina, ir siempre por el mismo camino, nunca pegar un volantazo, nunca permitir una sorpresa; pero eso no es vivir, es el pánico que nos da tener que elegir.
Siempre que tenemos opciones, hay que elegir y arriesgarse a jugársela por una sola opción. Siempre que elegimos, vamos a perder algo. El terror al abandono, a sufrir y arrepentirnos de nuestra elección puede ser nuestro peor enemigo, por eso no hay que tenerle miedo a las opciones. Aunque el miedo no es no saber lo que queremos, sino no estar seguros, porque sino dudamos, no probamos y si no buscamos nunca vamos a saber lo que queremos.
El mundo esta lleno de posibilidades, y no por una elección hay que perder las demás; pero si elegimos todo no elegimos nada. Cuando somos estructurados, rígidos y no nos corremos del camino, pensamos que no somos libres. Pero cuando pensamos que en verdad lo somos, estamos presos de nuestra propia indecisión.
Algunos no eligen por miedo a perder algo; otros por miedo a perder todo y terminan sin elegir nada. Nadie sabe que es peor. Cuando uno no elige, la vida elige por uno y eso no es ser libre, ser libre es animarse a elegir un lugar donde quedarse, una opción, jugarse por una relación y no temerle ni al compromiso, ni a lo que pueda pasar después. Uno se siente libre, pero es un engaño, si uno no elige nada, no tiene nada. Hay muchas razones para decir no, y muchas razones para decir si; pero no podemos permitirnos no elegir, ya que el elegir es darnos oportunidades a probar y a obtener cambios.
beso grande a todos.
Manuelita vivía en Pehuajo
pero un día se marchó.
Nadie supo bien por qué
a París ella se fue
un poquito caminando
y otro poquitito a pie.
Manuelita, Manuelita,
Manuelita dónde vas
con tu traje de malaquita
y tu paso tan audaz.
Manuelita una vez se enamoró
de un tortugo que pasó.
Dijo: ¿Qué podré yo hacer?
Vieja no me va a querer.
En Europa y con paciencia
me podrán embellecer.
En la tintorería de París
la pintaron con barniz.
La plancharon en francés
del derecho y del revés.
Le pusieron peluquita
y botines en los pies.
Tantos años tardó
en cruzar el mar
que allí se volvió a arrugar
y por eso regresó
vieja como se marchó
a buscar a su tortugo
que la espera en Pehuajo