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¿Qué narices representa esta bolsa?
Como el Santo Grial en la última cena de Jesucristo y los Apóstoles, yo también guardo mi copa santa. No es que quiera compararlas –ni mucho menos.
Era 25 de agosto de 2006. Última noche antes de volver a casa. No había hambre como para pegarnos otra cena a lo grande después de comer de lo lindo los últimos 2 días. En aquella plazoleta al inicio de la Rúa do Franco, había un par de bares/restaurantes con terraza. En uno de ellos compramos la que fue nuestra última cena.
Unas empanadas (creo que la mía de atún) y una coca cola fresca. Estaba blanda, recalentada… la peor empanada que comí aquellas dos semanas. Aún así, estaba buena. “Es para llevar”, le decimos. Nos íbamos a comer nuestra última cena sentados en el kilómetro cero. Hacía frío pero daba igual. Era el momento de constiparse.
La mujer ¿o el señor? Del bar/restaurante viene con un par de bolsas donde nos guarda nuestras empanadas y coca colas. Hete aquí una de las bolsas…
Si se mira con atención, dentro de ella, todavía se ven unas miguitas que te guiñan el ojo y te preguntan cuándo vas a volver allí. Y tú les contestas que pronto, muy pronto, que es cosa de días.